En un mundo globalizado, la pandemia nos ha obligado a extremar lo local: quedarnos en casa, las “burbujas”, y ausencia absoluta de grandes espectáculos, la versión artística de “lo universal”. La pandemia se expresa en nuestra vida local y cotidiana, pero sus efectos reverberan en las redes sociales: conductas sociales inesperadas, pánico, y alienación nos invaden. La realidad entra aun por las ventanas más herméticamente cerradas. Entonces, lo local deja de ser hogar, rutina, refugio, y se convierte en bunker.