Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Sin embargo, algunos políticos actuales parecen llevar la capa de Robin Hood al revés: roban a la empobrecida clase media española para beneficiar a ricos malversadores a través del concierto catalán. Ahora anuncian que incrementarán la presión fiscal a los dueños de Lamborghinis.
Esta referencia a un símbolo de riqueza tiene un impacto tan hipnótico que hace olvidar que los gobernantes solo han favorecido y llenado de privilegios a los residentes de las regiones más ricas. Así, sus votantes quedan tan noqueados con la mención de los Lamborghinis que olvidan las voces críticas dentro de su propio partido, que reclaman la misma solidaridad con los ciudadanos de las regiones más pobres de España, a quienes no han mostrado la más mínima empatía.
En resumen, las promesas de mejorar la financiación autonómica para todos ya no convencen a nadie. Especialmente, ante el barullo de nombres que tratan de ocultar lo evidente: una élite gobernante que favorece a los dueños de Lamborghinis en Cataluña, mientras extorsiona con subidas de impuestos a los pobres del patinete en el resto de España.
Otro tema preocupante es la crisis migratoria, que exige un verdadero plan que brilla por su ausencia, a juzgar por los bandazos y cambios de criterio de un día para otro que son marca de la casa. Este no es un tema de solidaridad ni de xenofobia, sino de defensa propia. Urge desmontar la manipulación de los mantras del marketing político. Debido a tales imposturas, esta etapa pasará a la Historia como la época de los pinochos políticos que hacen de la mentira una forma de gobierno