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Antón Chéjov es una de esas figuras a las que la palabra genio no les queda grande. Fue un maestro absoluto del cuento y un revolucionario del teatro. Con obras como La gaviota o Tío Vania, propuso una manera más íntima, sutil y profundamente humana de contar historias, lejos del dramatismo exagerado que dominaba la escena del siglo XIX. Por eso su obra sigue viva: porque sus personajes, sus silencios y sus conflictos todavía hablan de nosotros. Pero esta carta no trata sobre literatura ni sobre técnicas de escritura. En 1886, Chéjov le escribió a su hermano mayor Nikolái, un pintor talentoso que atravesaba un severo problema de alcoholismo. Más que una lección, la carta es un gesto de amor y preocupación. Allí intenta responder una pregunta simple pero a la vez enorme: qué significa ser una persona civilizada. “Nunca debes dejar de leer, estudiar en profundidad y ejercitar tu voluntad”, le escribe en un pasaje de la carta. Y en esas palabras aparece no solo el escritor brillante, sino también el hermano que intenta tender una mano. Lee el actor Héctor Díaz.
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A mi juicio, las personas civilizadas deben cumplir las siguientes condiciones:
1 Respetan al individuo y, por lo tanto, son siempre indulgentes, gentiles, educadas y complacientes. No hacen un escándalo por un martillo o una goma perdida. Cuando se mudan con alguien, no actúan como si le estuvieran haciendo un favor y, cuando se van, no dicen: ‘¡Cómo puede alguien vivir contigo!’…
2 Su compasión se extiende más allá de los mendigos y los gatos. Les afectan incluso cosas que el ojo desnudo no puede ver. Si, por ejemplo, Piotr sabe que su padre y su madre están encaneciendo y perdiendo el sueño porque ven a su Piotr tan rara vez (y porque cuando aparece lo ven borracho), entonces corre a visitarlos y manda su vodka al diablo…
3 Respetan la propiedad ajena y, por lo tanto, pagan sus deudas.
4 Son francas y temen a la mentira como a la peste. No mienten ni siquiera sobre las cosas más triviales. Una mentira insulta al oyente y lo rebaja ante los ojos del mentiroso. No se dan aires, se comportan en la calle igual que en su casa y no intentan deslumbrar a sus inferiores. Saben mantener la boca cerrada y no fuerzan confidencias no solicitadas sobre la gente. Por respeto a los oídos ajenos, más a menudo callan que hablan.
5 No se rebajan simplemente para despertar simpatía. No apelan a las fibras sensibles de los demás para hacerlos suspirar y preocuparse por ellos. No dicen: ‘¡Nadie me entiende!’ o ‘¡He desperdiciado mi talento en trivialidades!’, porque eso huele a efecto barato y es vulgar, falso y anticuado.
6 No están preocupadas por cosas vanas. No se dejan impresionar por falsas joyas como amistades con celebridades, apretones de manos con Plevako borracho, éxtasis por la primera persona que encuentran en el Salon de Varietes o popularidad entre la clientela de las tabernas…
7 Si tienen talento, lo respetan. Sacrifican comodidad, mujeres, vino y vanidad por él…
8 Cultivan su sensibilidad estética. No soportan quedarse dormidos completamente vestidos, ver una grieta en la pared repleta de chinches, respirar aire podrido, caminar sobre un suelo cubierto de saliva o comer junto a una estufa de queroseno. Intentan hacer todo lo posible por domar y ennoblecer su instinto sexual…
Y así sucesivamente. Así es como actúan las personas civilizadas. Si quieres ser civilizado y no caer por debajo del nivel del ambiente al que perteneces, no basta con leer The Pickwick Papers y memorizar un soliloquio de Faust. No basta con parar un coche y dirigirse a la calle Yakimanka si todo lo que vas a hacer es salir huyendo otra vez una semana después.
Debes trabajar en ello constantemente, día y noche. Nunca debes dejar de leer, estudiar en profundidad y ejercitar tu voluntad. Cada hora es preciosa.
¿De acuerdo o en desacuerdo?
Anton
Todos tenemos uno en nuestras vidas. Son maestros y maestras que nos transformaron, que dejaron huellas, que moldearon nuestros valores. O nos brindaron seguridad emocional. En mi caso, por ejemplo, una profesora de literatura que inculcó mi amor profundo por la palabra y los libros. En este caso, elegimos una carta para estudiantes escrita a mediados de los 60. Fue escrita por Corita Kent, una mujer que fue muchas cosas: artista, monja, activista y reconocida por combinar arte pop y espiritualidad. Una educadora que pensaba que el maestro no debía transmitir respuestas cerradas, sino habilitar formas nuevas de mirar el mundo. Su legado pedagógico se apoyaba menos en la autoridad y más en la experimentación, la curiosidad y la confianza en el proceso creativo. En sus clases proponía ejercicios poco convencionales: trabajar con objetos cotidianos, salir a observar carteles en la calle, escribir frases, recortar palabras de diarios o transformar errores enposibilidades estéticas. Para Kent, enseñar arte era enseñar a percibir. Con el tiempo, el texto fue popularizado por el gran compositor John Cage. Acá una carta tan inspiradora como un maestro que deja huellas. Lee el actor Nicolás Litman.
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REGLA UNO: Encuentra un lugar en el que confíes y prueba a confiar en él durante un tiempo.
REGLA DOS: Deberes generales de un estudiante: saca todo el provecho de tu profesor; saca provecho de tus compañeros.
REGLA TRES: Deberes generales de un profesor: saca todo de tus alumnos.
CUARTA REGLA: Considera todo como un experimento.
QUINTA REGLA: Sé autodisciplinado: esto significa encontrar a alguien sabio o inteligente y elegir seguirlo. Ser disciplinado es seguir por el buen camino. Ser autodisciplinado es seguirlo de la mejor manera.
SEXTA REGLA: Nada es un error. No hay ganar ni fallar, sólo hay que hacer.
REGLA SIETE: La única regla es trabajar. Si trabajas, llegarás a algo. Es la gente que hace todo el trabajo todo el tiempo la que al final se da cuenta de las cosas.
REGLA OCHO: No intentes crear y analizar al mismo tiempo. Son procesos diferentes.
NOVENA REGLA: Sé feliz siempre que puedas conseguirlo. Disfruta. Todo es más liviano de lo que crees.
REGLA DIEZ: Estamos rompiendo todas las reglas. Incluso nuestras propias reglas. ¿Y cómo lo hacemos? Dejando mucho espacio para las incógnitas.
Consejos extras:
* Sal siempre. Da vueltas por ahí.
* Ve a todos los lugares.
* Ve siempre a clase. Lee todo lo que caiga en tus manos. Mira las películas con atención, a menudo. Guárdalo todo: puede resultarte útil más adelante.
Son dos palabras que todo enamorado dijo alguna vez. “Mi amor…”. Un determinante posesivo y un sustantivo. En las cartas de amor, la frase significa mucho más que eso: una apertura de intimidad, la instalación de un tono, un contacto emocional... Dos palabras que condensan historia, deseo y cercanía. En esta carta, esa construcción es llevada al paroxismo. El lenguaje del amor en el límite, en la posesión absoluta, en la fusión total. Acá la escritora Henriette Vogel le escribe a Heinrich von Kleist, con quien después terminó haciendo un pacto suicida. Le dice “mi dulce melodía”, “mi anochecer”, “mi contento”, “mi pena”… Y así sigue la lista. Acá una carta de amor pero quizá más que eso. Un texto con el amado como paradoja permanente. El otro como un universo y fusión total. Lee la actriz Renata Milán.
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Berlín, noviembre de 1811
Mi Heinrich, mi dulce melodía, mi lecho de jacintos, mi alba y mi anochecer, mi océano de deleites, mi arpa eolia, mi rocío matutino, mi arco iris, mi bebé de pecho, mi corazón amado, mi contento y mi pena, mi resurrección, mi libertad, mi esclavitud, mi aquelarre, mi santo grial, mi aire que respiro, mi calor, mis pensamientos, mis deseos más cercanos y remotos, mi pecador adorado, mi consuelo de mis ojos, mi más dulce congoja, mi virtud más amable, mi orgullo y protector, mi conciencia, mi bosque, mi fulgor, mi espada y yelmo, mi generosidad, mi diestra, mi escalera celestial, mi San Juan, mi caballero, mi dulce paje, mi poeta puro, mi cristal, mi fuente de la vida, mi sauce llorón, mi amo y señor, mi esperanza y propósito más firme, mi constelación de ternura, mi caricia delicada, mi bastión, mi fortuna, mi muerte, mi quimera, mi soledad, mi espléndido navío, mi valle, mi recompensa, mi Werther, mi Leteo, mi cuna, mi mirra con incienso, mi voz, mi juez, mi dulce soñador, mi anhelo, mi alma, mi espejo de oro, mi rubí, mi zampoña, mi corona de espinas, mis mil maravillas, mi maestro y alumno, te amo por encima de todo pensamiento. Mi alma es tuya.
Henriette.
P.D.: Mi sombra a mediodía, mi primavera en el desierto, mi querida mamá, mi religión, mi música que suena dentro de mí, mi pobre y enfermo Heinrich, mi cordero pascual blanco y manso, mi puerta al cielo.
Desde que surgió este podcast, allá por 2018, grabamos decenas de cartas de amor. Las grabamos porque nos fascinan, porque son casi infinitas y quizá también sean las más vigentes en un momento en el que ya no mandamos cartas. El de Vladímir y Vera Nabokov fue un enamoramiento idílico y eterno. Ella fue su esposa, su musa, su mecanógrafa, su editora y su lectora ideal. El autor de “Lolita” le dedicó casi todos sus libros y estuvieron juntos más de 50 años. En esta carta, Vladímir le hace una declaración de amor desbordada. Yle dice -justo él- que se queda sin palabras -sin lenguaje- frente al deseo y la felicidad de tenerla. Lee la actriz María Jesús Marcone.
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Mi ternura, mi felicidad, ¿qué palabras puedo escribirte? Qué extraño que, aunque el trabajo de mi vida sea escribir, no sepa cómo decirte cuánto te amo, cuánto te deseo. Qué agitación, y qué paz divina: nubes fundidas bajo la luz del sol, montículos de felicidad. Y floto contigo, en ti, en llamas y fundiéndome, y una vida entera contigo es como el movimiento de las nubes, sus caídas etéreas y silenciosas, su ligereza y suavidad, y la variedad celestial de contornos y tonos: mi inexplicable amor. No puedo expresar estas sensaciones de cirros-cúmulos.
A Harvey Milk se lo puede definir de muchas formas. Fue un activista. Fue un impulsor de políticas contra la discriminación por orientación sexual. Fue más que eso. Fue el primer político abiertamente gay en ser elegido para un cargo público relevante en EE.UU. En 1977, ganó un escaño en la Junta de Supervisores de San Francisco. Y fue asesinado un año después. Pero su figura excede ampliamente el cargo que ocupó. Fue una voz pública en un momento en el que ser homosexual podía implicar pérdida detrabajo, persecución o violencia. Y su legado sigue vivo hasta hoy. Por ejemplo, fue Milk quien encargó al artista Gilbert Baker la creación de un símbolo para representar a la comunidad. Así nació la bandera con el arcoris, que se usa hasta hoy. En esta breve carta, Milk le escribe al presidente Jimmy Carter para defender los derechos homosexuales frente a la Proposición 6 de California. ¿Qué proponía esa iniciativa de ley? Buscaba prohibir que personas homosexuales —y también quienes defendieran sus derechos— trabajaran como docentes en escuelas públicas de California. Finalmente, esa proposición fue rechazada por los votantes en noviembre de 1978, en una derrota importante para los sectores conservadores que impulsaban la medida. Acá Milk le escribe a Carter. Acá unindispensable defendiendo los derechos humanos fundamentales. Lee le actriz Macarena Barros.
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Estimado Presidente Carter: Ha habido una considerable cobertura de prensa sobre el discurso que pronuncié en la gran Celebración del Día de la Libertad Gay de San Francisco el pasado fin de semana. En él, le pedí que asumiera un papel de liderazgo en la defensa de los derechos de las personas gay. Como presidente de una nación que incluye entre quince y veinte millones de lesbianas y hombres gay, su liderazgo es vital y necesario. Le he adjuntado una copia de mis palabras para que las lea. Preste especial atención a la sección que comienza en la página seis. En la boleta electoral de California de noviembre de 1978 figurará unainiciativa llamada la Iniciativa Briggs, que prohibiría a las personas gay ejercer la docencia y tendría otras graves injerencias en los derechos individuales. Aunque se trata de un asunto de votación estatal, es también de gran importancia nacional, y esperamos que usted se oponga firmemente a ella. Agradecería mucho una respuesta a nuestro llamado de apoyo, y me sentiría honrado de trabajar junto a usted para proteger los derechos humanos de todos los estadounidenses. Con afecto,
Harvey Milk
Sean bienvenidos y bienvenidas a la octava temporada de Epistolar. Estamos muy felices por este reencuentro con nueva música, nuevos lectores y, por supuesto, nuevas cartas que queremos compartir con vos. La música que estás escuchando es una creación original para el podcast de José Ferrufino, músico y amigazo de la casa. Pero basta de prólogos y vamos al episodio de hoy. Paul Celan fue uno de los grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX. Desarrolló un lenguaje profundamente innovador, forjado en un duro periplo por la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Vivió en carne propia la ocupación nazi y la soviética. Perdió a sus padres en campos de concentración y él mismo sobrevivió a trabajos forzados. Pese a todo, decidió seguir escribiendo en alemán, la lengua de sus verdugos, porque sostenía que era la única forma de expresar la verdad de su experiencia. En medio de tanto horror, nosotros elegimos una carta de amor del poeta fechada en 1952. Celan vive en París y le escribe a la mujer que ama, la artista Gisèle Lestrange, a quien llama cariñosamente Maia. En esta carta intenta —y vaya si lo logra— nombrar una sensación extraña que muchos hemos tenido alguna vez: la de avanzar hacia el amor mientras detrás de nosotros se cierran las puertas de un mundo hostil. “Un segundo que inaugura el tiempo”, dice él. Lee el actor Osqui Guzmán.
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París, 7 de enero de 1952, a las diez
Maia, amor mío, quisiera poder decirte cuanto deseo que todo esto permanezca, permanezca para nosotros, permanezca para siempre. Mira, tengo la impresión al ir hacia ti, de dejar un mundo, de oír a las puertas dar portazos a mis espaldas, puertas y puertas, porque son numerosas las puertas de este mundo hecho de malentendidos, de falsas claridades, de engaños. Tal vez queden otras puertas aún para mi, tal vez no he vuelto a cruzar aún la explanada en la cual se despliega esta red de signos que me lleva lejos. Pero yo voy en camino, me escuchas, me estoy acercando, el ritmo -puedo sentirlo- se acelera, los fuegos engañosos se apagan uno tras otro, las bocas mentirosas se cierran sobre su saliva -nada de palabras, nada de ruidos, nada que acompañe mi paso-. Estaréahí, a tu lado, dentro de un instante, dentro de un segundo que inaugurará el tiempo.
Paul
Este es el último episodio de nuestra séptima temporada. Como siempre,queremos darte las gracias por estar ahí y darle sentido a lo quehacemos. En las redes te iremos contamos las novedades y cómo sigueeste proyecto. Ahora, lo epistolar.
Esta carta necesita un contexto vinculado con la historia reciente de laArgentina. Y mucho más teniendo en cuenta que este podcast seescucha en varios países de América Latina. Madrugada del 17 dejulio de 2008. Senado de la Argentina. Se votaba una ley queestablecía impuestos a las exportaciones de productos agropecuarios,que causó un conflicto agrario y un paro prolongado. En esos años,los precios internacionales eran altos y el Gobierno decidió captarparte de esa renta.
Lavotación en el senado, esa noche, terminó 36 a 36. La decisión delos senadores dejó al entonces vicepresidente de la nación ytitular del Senado Julio Cobos frente al voto de su vida. Debíadesempatar. ¿Qué hizo? Votó en contra de su propio gobierno. Y elproyecto de ley finalmente cayó en el Congreso.
Esodesató una gran crisis en el gobierno argentino, en ese momento acargo de Cristina Fernández de Kirchner. Aunque dijo que votó para“garantizar la paz social del país”, Cobos nunca pudo sacarse lamochila de “traidor”. Y fue criticado por no renunciar a su cargoluego del voto.
Lacarta que vas a escuchar fue escrita poco tiempo después por eldirector de cine e histórico militante peronista Leonardo Favio. Lereclama a Cobos que renuncie, le dice que su vida es desdibujada y lotrata con gran desprecio. Acá la dura carta de Favio a Cobos. Acála historia de una mancha que jamás envejece. Lee el escritor yguionista Pedro Saborido.
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Sr.Vicepresidente de la república Argentina
Dr.Julio César Cleto Cobos
Demi mayor consideración:
Creotener la solución para "el problema que lo conflictúa (segúnescuhé esta mañana -por el martes- en una radio). Es muy simple:renuncie. Renuncie al cargo que se ganó de upa, porque –no seengañe ni engañe- Ud. no fue elegido por el pueblo, sino por untraspié fatal del Dr. Kirchner. Aunque dudo que lo hará porque Ud.no siente culpa; o, mejor dicho, Ud. no tiene nivel para serculpable.
Nosea atolondrado, renuncie y será el acto más heroico y aventuradode su desdibujada vida.
LeonardoFavio
PD:mucho le agradeceré -si estuviera dentro de sus posibilidades- meayude a pagar el costo de esta solicitada.
LeonardoFavio
Todos tenemos en nuestra historia personal un gran maestro. Puede ser alguien que conocimos y nos marcó a fuego. Puede ser alguien a quien nunca vimos, pero su obra dejó en nosotros, de igual manera, un sello indeleble. Esta carta es la historia de uno de esos legados. El director Jim Jarmusch no tuvo un vínculo personal con John Cassavetes, pionero del cine independiente estadounidense y conocido por su enfoque innovador y realista. Pero sus películas lo moldearon, lo modificaron e inspiraron para hacer arte. Para hacer un cine que privilegia loauténtico y la libertad creativa. En esta carta, que es una forma de veneración, le dice que sus películas revelan toda la belleza, la extrañeza y la complejidad de la experiencia humana. Y se rinde a sus pies: “John Cassavetes, me saco el sombrero. Y me lo pongo sobre el corazón”, le confiesa el director de Flores Rotas. Lee la actriz y docente Soledad García. ***
Siento algo muy particular cada vez que me dispongo a ver una de sus películas. Un sentimiento de anticipación: la llegada de algo que he esperado con ansiedad, una especie de iluminación cinematográfica. Espero un estallido de inspiración. Quiero ser un iluminado. Necesito que se me revelen las consecuencias secretas del corte de una escena a otra. Necesito entender cómo la crudeza de las posiciones de cámara o el granulado del material inciden en laecuación emocional de sus films. Quiero aprender de actuación a partir de los personajes, saber sobre la atmósfera y la luz de determinados escenarios. Estoy listo, preparado para absorber “la verdad a veinticuatro cuadros por segundo”. Pero lo que ocurre es que empieza la película, y la película me mete adentro, y de golpe estoy perdido en la oscuridad, solo, y los seres humanos ahora viven en ese mundo dentro de la pantalla y también ellos parecen perdidos y solos. Los miro. Observo cada detalle de sus movimientos; escucho con atención lo que dicen, los bordes gastados del tono de una voz, la malicia escondida en un fraseo. Ya no pienso en la “actuación”, ni en el “guión”, ni en la “cámara”. La iluminación que esperaba recibir de usted ha sido reemplazada por otra. Una iluminación que no invita al análisis; sólo a laobservación y la intuición. Sus películas, John Cassavetes, son sobre el amor, la confianza y la desconfianza; sobre la soledad, el gozo, la tristeza, el éxtasis y la estupidez. Son sobre lainquietud, la ebriedad, la resistencia y la lujuria; sobre el humor, la terquedad, la falta de comunicación y el miedo. Pero básicamenteson sobre el amor, y uno se ve arrastrado a un lugar mucho más profundo que el que puede mostrar cualquier estudio sobre la “forma narrativa”. Lo que sus films iluminan y terminan revelando es que una cosa es el celuloide y otra son la belleza, la extrañeza y la complejidad de la experiencia humana. John Cassavetes, me saco el sombrero. Y me lo pongo sobre el corazón.
Georgia O'Keeffe fue una artista de vanguardia. Considerada por muchos como la “madre del modernismo estadounidense”. Una de sus máximas exponentes del Siglo XX. Su obra se caracteriza por flores brillantes, pinturas vívidas y paisajes infinitos de Nuevo México, lugar que la enamoró desde el primer momento. Sus pinturas, que se vendieron por millones de dólares, tienen un sentimiento romántico por la naturaleza y el espiritualismo. Pero la idea de este episodio no es hablar sólo de su sentimiento por el arte sino también de los otros, del amor romántico. Georgia conoció al fotógrafo Alfred Stieglitz -él le llevaba 24 años- y sucedió un flechazo. Pronto, se convirtieron en amantes legendarios. Pronto ella se trasladó a Nueva York para vivir con él. Pronto se casaron. Ella era una artista que buscaba su destino. Él la animó, la fotografió desnuda, se casó con ella y le fue infiel. Esta carta es de los primeros años de ese vínculo. Ella lo extraña hasta la punta de los dedos. Lo desea. Arde. Se consume sin él. Le dice que está ciega y loca por él. Amor de artista. Amor encendido. Amor que, algún día, se termina. Pero quién nos quita tanto fuego. Lee desde México Marijó Cantellano.
Nueva York, 13 de junio de 1918
Supongo que llegarás en unos minutos, pero tengo que levantarme y escribirte —es necesario, debo hacerlo—. He estado aquí acostada, escuchándote en la oscuridad, con el rostro ardiendo. Te extraño hasta la punta de los dedos; es un dolor físico real. Mientras subía por la calle hacia la puesta del sol después de cenar, me pregunté: ¿podré soportarlo? La terrible delicadeza y belleza de tu intensidad... No lo sé. Tal vez tenga que huir. Parece casi demasiado. Y aquí, acostada, deseándote con un dolor que lo abarca todo —no solo deseándote: amándote, sintiéndote—, todas las partes de mi cuerpo tocadas y besadas, consciente de ti. Un volcán no es nada comparado con esto. No conozco palabras que expresen su ardor, lo que consume. Aun así, de algún modo siento que puedo estar tranquila cuando vengas, que podré controlarme. Aunque siento que crece... Siento que llegará el momento en que no podrécontrolarme, en que estaré ciega y loca. La mujer que estás creando parece haber ido mucho más allá de mí, casi fuera de mi vista. Georgia
Es muy conocido el poema de Bertolt Brecht que dice: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. En este último grupo, sin dudas, estaba Ramón Carrillo. Fue cirujano, neurobiólogo y médico sanitarista. Uno de los neurocirujanos más prestigiosos del mundo en la década del 40. Alguien que dejó la actividad privada, con la que se podría haber hecho rico, para dedicarse a la actividad pública y los pobres. Carrillo fue la primera persona que ejerció el cargo de ministro de Salud deArgentina, durante la presidencia de Juan Domingo Perón. Logró erradicar enfermedades endémicas como el paludismo, hizo desaparecer la sífilis y las enfermedades venéreas. Durantesu trabajo en el ministerio, entre 1946 y 1951, se construyeron 21 hospitales con una capacidad de 22 mil camas. Se estableció la gratuidad de la atención de los pacientes, los estudios, lostratamientos y la provisión de medicamentos. Un novedoso tren sanitario recorría el país haciendo análisis clínicos y radiografías y ofreciendo asistencia hasta en los lugares más remotos. Cuando Juan Domingo Perón fue derrocado por los militares en 1955, Carrillo fue perseguido, sus bienes incautados y hasta se lo acusó deenriquecimiento ilícito. Lo tildaron de “ladrón de nafta”. Justo a él. Carrillo escribe a su amigo, el periodista Segundo Ponzio Godoy. Lo hace desde Brasil, donde está exiliado. Allí murió a los 50 años, pobre, enfermo y lejos de su tierra. Acá un texto lleno de dignidad del médico sanitarista. Acá el de la tarea titánica. Acá un hombre digno, un imprescindible. Lee el actor y director Carlos March.
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Belém do Pará, 6 de septiembre de 1956
Mi querido Ponzio: Yo no sé cuánto tiempo más voy a vivir, posiblemente poco, salvo un milagro. También puedo quedar inutilizado y sólo vivir algo más. Ahora estoy con todas mis facultades mentales claras y lúcidas y quiero nombrarte el albacea de mi buen nombre y honor. Quiero que no dudes de mi honradez, pues puedes poner las manos en el fuego por mí. He vivido galgueando y si examinas mi declaración de bienes y mi presentación a la Comisión Investigadora, encontrarás la clave de muchas cosas. Vos mismo intuiste con certeza lo que pasaba en mí y me ofreciste unos pesos. Por pudor siempre oculté mis angustias económicas, pero nunca recurrí a ningún procedimiento ilícito, que estaba a mi alcance y no lo hice por congénita configuración moral y mental. Eran cosas que mi espíritu no podía superar. Ahoravivo en la mayor pobreza, mayor de la que nadie puede imaginar, y sobrevivo gracias a la caridad de un amigo. Por orgullo no puedo exhibir mi miseria a nadie, ni a mi familia, pero sí a un hermano como vos, que quizás (conociéndome) puedas comprenderme. No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, peroen todo caso si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida. Esta obra debe ser reconocida y yo no puedo pasar a la historia como un malversador y ladrón de nafta. Mis ex colaboradores conocen la verdad y la severidad con que manejé las cosas dentro de un tremendo mundo de angustias e infamias. Ellos pueden ayudarte. Mi capacidad de trabajo está muy reducida; vivo como médico rural en una aldea.(...) Poco a poco mi organismo ha comenzado a desintegrarse definitivamente. Heaceptado todo con la resignación que me es característica. No tengo odios y he juzgado y tratado a los hombres siempre por su lado bueno, buscando el rincón que en cada uno de nosotros alberga el soplo divino. El tiempo y solo el implacable tiempo, dirá si tuve razón o no alescribirte esta carta, ya que en el horizonte de mis afectos, no veo a nadie más capaz que vos de tomar esta tarea cuando llegue el momento, que llegará, cuando las pasiones encuentren su justo nivel.
Ramón
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