Epistolar

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By Antología de lo íntimoSociety & Culture
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Epistolar episodes

  • Carta de Rebecca West a H.G. Wells

    Rebecca West fue una gran periodista, escritora y feminista. Publicónovelas, ensayos, obras de teatro y críticas. Hablaba del “deberde la crítica dura” por parte de los intelectuales. Alguiencélebre no sólo por sus escritos sino también por cambiar la formade entender el feminismo, cuando era concebido como odio a loshombres.

    En 1912, publicó una crítica en una revista, en la que acusaba alescritor H.G. Wells de ser “el soltero de los novelistas”. Fueuna crítica provocativa y valiosa, escrita con mirada brillante yfeminista.

    El respondió a la crítica invitándola a almorzar. Poco tiempodespués -la vida da sorpresas y nunca avisa-, crítica y criticadose enamoraron e iniciaron un largo y tempestuoso idilio que duródiez años y del que nació un hijo. Fue una relación tormentosa eirregular. “En ocasiones nos quisimos mucho”, dijo alguna vez él.“Todavía nos queremos. Nos hicimos daño mutuamente”, dijo ella.De cualquier forma, después de separados, fueron amigos hasta lamuerte.

    Esta carta es de uno de esos momentos tempestuosos. “Durante lospróximos días o me pegaré un tiro en la cabeza o cometeré algomás devastador que la muerte”, le dice ella.

    Acá una carta de Rebecca West. Acá la mujer rebelde, liberada,orgullosa de su sexo, feminista y sufragista. Una de lasintelectuales más formidables y estimulantes del Siglo XX. Acátambién una mujer rogando: “No me dejes completamente sola”. Leela actriz Lala Mendibil.

    ***

    Estimado H.G. Durante los próximos días, o me pegaré un tiro en la cabeza ocometeré algo más devastador que la muerte. En cualquier caso, seréuna persona muy diferente. Me niego a que me engañen para que no veami escena en el lecho de muerte.


    No entiendo por qué me querías hace tres meses y ahora no. Ojalásupiera por qué. Es algo que no puedo comprender, algo quedesprecio. Y lo peor es que si te desprecio, me enfurezco porque teinterpones entre la paz y yo. Claro que tienes razón. No tengo nadaque darte. Solo te apasiona la emoción y la comodidad. No quieresmás emoción y yo no doy consuelo a la gente. Nunca los cuido, salvocuando están muy enfermos. Llevo esto al extremo. Pensándolo bien,me imagino que la ocasión en que mi madre me encontró más útilpara vivir fue cuando la ayudé a salir de una casa en llamas. Siempre supe que algún día me lastimarías hasta la muerte, peroesperaba elegir el momento y el lugar. Siempre me has mostrado unahostilidad inconsciente y he intentado apaciguarte socavando mi amorpor ti, reduciéndolo a lo más pequeño que deseabas. Siempre mesiento perdido cuando me topo con hostilidad, porque puedo amar yprácticamente no puedo hacer nada más. Yo no era la personaadecuada para ti. Quieres un mundo de gente que se abalanza sobre símisma como cachorros, gente con la que pelear y jugar, gente que seenfurece y sufre en lugar de gente que arde. No puedes concebir aalguien que resienta tanto la humillación de un fracaso emocionalque intente suicidarse dos veces: eso te parece absurdo. No puedoconcebir a una persona que ande por ahí encendiendo hogueras y, sinembargo, alimente una aversión al fuego: eso me parece absurdo.

    Literalmente me has arruinado. Estoy quemada hasta los cimientos.Quizás me reconstruya o quizás no. Dices que las obsesiones soncurables. Lo son. (...) Una vez consideraste mi disposición a amarte algo hermoso yvaliente. Sigo pensando que lo fue. Tu soltería te hace sentir que una mujer desesperada e irremediablemente enamorada de un hombre esun espectáculo indecente y una inversión del orden natural de lascosas. Pero deberías haber sido demasiado buena para sentirte así. Daría mi vida entera por volver a sentir tus brazos a mi alrededor. Ojalá me hubieras amado. Ojalá te hubiera gustado. Tuyo, Rebeca PD: No me dejes completamente sola. Si vivo, escríbeme de vez encuando. Me quieres lo suficiente. Al menos, eso pretendo.




    10 min
  • Carta de Carlos Fuentes a Mario Vargas Llosa

    Carlos Fuentes ocupa un lugar de gran privilegio en la literatura de México y de América Latina toda. “La región más transparente”, “Las buenas conciencias” y “La muerte de Artemio Cruz” son algunas de sus obras más conocidas. Pero además de su estatura literaria -inmensa por cierto- fue un gran agitador cultural y un creador de mundos. Fue también -y de eso se trata esta carta- uno de los pilares del llamado boom latinoamericano, junto a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa. Justamente, esta carta va dirigida al peruano, luego de la publicación de su novela “La ciudad y los perros”. Le dice que siente envidia de la buena por la creación de una obra maestra, pero también da una mirada lúcida sobre el rol de la literatura latinoamericana, sobre la historia, los contextos y la realidad cotidiana de esa época (mediados de la década del 60). Se publicó en el libro “Las cartas del Boom”, que editó Alfaguara. Acá Fuentes elogiando a Vargas Llosa. Acá una carta de ese fenómeno llamado boom latinoamericano. Lee el locutor, escritor e ilustrador mexicano Max Thomsen, quien también hizo el dibujo que acompaña este episodio.

    ***

    México, 29 de febrero de 1964

    Querido Mario: Acabo de terminar “La ciudad y los perros” y me cuesta trabajo escribirte y saber por dónde empezar. Siento envidia, de la buena, ante una obra maestra que, de un golpe, lleva la novela latinoamericana a un nuevo nivel y resuelve más de un problema tradicional de nuestra narrativa. (...)Ahora, al leer una detrás de la otra “El siglo de las luces”, “Rayuela”, “El coronel no tiene quien le escriba” y “La ciudad y los perros”, me siento confirmado en este optimismo: creo que no hubo el año pasado otra comunidad cultural que produjera cuatro novelas de ese rango. (...)

    ¿Para qué te voy a decir todo lo que me ha impresionado en tu maravillosa obra? El misterio auténtico, secreto, de la obra; la increíble encarnación de todos los problemas planteados en la actualidad de los personajes, de manera que el relieve moral de la obra corre paralelo a y es inseparable de la trama novelesca: has matado, para siempre, la terrible disposición nuestra a la acotación, la moraleja, el sermón: no hay nada en tu obra que no se desprenda tácitamente de la propia acción, y lo que se desprende ¡es tanto! (...) Nuestro destino ha dejado de fluir en la vida para petrificarse en la historia. Pero precisamente el fracaso de las ideologías, lascontradicciones de la praxis, la paradoja toda que niega la tragedia y sale a combatir la injusticia y a implantar la razón, para amanecer con las manos teñidas de injusticia en nombre de la justicia y los ojos cegados, otra vez, por la locura invocada en nombre de la razón, ¿no nos conduce de nuevo, fatalmente, a una visión trágica del hombre y de la historia? ¿Y no es esta visión trágica la única capaz de abrazar la realidad, sí, de la vida externa, política, económica, histórica, junto con la realidad,también, que el dualismo degenerado, materialismo vs. idealismo, ha querido negar en detrimento de la verdadera dialéctica: la realidad de las preguntas metafísicas? (...) Portodo ello, querido Mario, gracias.Hablé de tu libro durante media hora en un programa de TV, y se agotó en el curso de una semana. Te abraza con enorme admiración tu amigo

    Carlos Fuentes

    11 min
  • Poderosa carta de Sinéad O'Connor a Miley Cyrus

    "Te van a prostituir y, habilmente, te van a hacer pensar que es lo que vos querías". Esas son algunas de las palabras de la contundente carta que Sinéad O'Connor le escribió a Miley Cyrus. Y que rescatamos en este episodio de Epistolar. La carta tiene una pequeña historia. En 2013, la ex integrante de Hannah Montana sacó un video de su canción “Wrecking ball", en la que juega de forma sensual con una bola de demolición y aparece lamiendo un gran martillo. La idea era simbolizar el poder destructivo del amor. Y decide hacerlo con un video en la que aparece desnuda. Cuando la prensa le consultó sobre esa producción, Cyrus dijo que se habíainspirado en Sinéad y en su video de “Nothing Compares 2U”. La cantante irlandesa le respondió con este texto que marca diferenciaspero que termina siendo un alegato sobre la crueldad de la industria de la música, el empoderamiento y el uso del cuerpo de una mujer para que los hombres ganen dinero. Lee la actriz Sara Párbole.

    ***

    Querida Miley: No iba a escribir esta carta, pero hoy estuve esquivando llamadas telefónicas de varios diarios que querían que comentara lo que dijiste en Rolling Stone, que tu video de 'Wrecking Ball' fue diseñado inspirado en 'Nothing Compares...'. Así que esto es lo que necesito decir… Y lo digo con espíritu materno y con amor. Me preocupa mucho que quienes te rodean te hayan hecho creer, o te hayan alentado a creer, que de alguna manera es "genial" estar desnuda y lamiendo martillos en tus videos. De ser el caso, vas a oscurecer tu talento al permitir que te proxeneticen, ya sea culpa del negocio de la música o de vos misma prostituyéndote. A la larga, nada más que daño vendrá por permitir que te exploten, y no es de ninguna manera un mensaje empoderante el que debas ser valorada por tu atractivo sexualmás que por tu obvio talento. Me alegra saber que soy un modelo a seguir para vos, y espero que por eso prestes mucha atención a lo que te estoy diciendo. Al negocio de la música no le importás una mierda, ni le importamos ninguno de nosotros. Te van a prostituír por todo lo que valés y, hábilmente, te van a hacer pensar que es lo que vos querías. Pero cuando termines en rehabilitación como resultado de haber sido prostituida, 'ellos' van a estar tomando sol en sus yates en una isla caribeña que compraron vendiendo tu cuerpo, y te vas a encontrar muy sola. A ninguno de los hombres que te comen con los ojos le importás una mierda. No te dejes engañar. Muchas mujeres confundieron la lujuria con el amor. Si te quieren sexualmente, eso no significa que les importes un carajo. Nadie que se preocupe por vos podría soportarque te proxeneticen... y eso te incluye a vos misma. Sí, estoy sugiriendo que no te preocupás por vos misma. Eso tiene que cambiar. Deberías ser protegida como una preciosa jovencita por cualquier persona a tu servicio y cualquiera que te rodee. Este es un mundo peligroso. (...) Valés más que tu cuerpo o tu atractivo sexual. El mundo del espectáculono ve las cosas de esa manera, les gusta que las cosas se vean de otra manera, ya sean revistas que te quieren en su portada, o lo que sea. No te hagas ilusiones… todos te quieren porque están ganando dinero con tu juventud y tu belleza, cosa que no podrían hacer excepto por el hecho de que tu juventud te ciega a los males delmundo del espectáculo. Si tenés un corazón inocente, no podés reconocer a los que no lo tienen. Repito, tenés suficiente talento para no dejar que el negocio de la música te prostituya. Tampoco deberías dejar que se burlen de vos. No pienses ni por un momento que a alguno de ellos le importas un carajo. Ellos están ahí por el dinero… nosotras estamos ahí por la música. Siempre fue así, y siempre será así. Cuanto antes lo sepa una joven, antes podrá tener realmente el control. (...) Amablemente despedí a cualquier hijo de puta que no haya expresado preocupación porque no se preocupan por vos.

    Sinéad.

    11 min
  • Alfredo Molano Bravo. Carta de su nieta

    Alfredo Molano Bravo fue escritor, periodista y sociólogo. Nació en Colombia en 1944 y falleció en 2019. Pero lo más justo para definirlo sería decir que fue un hombre que defendió la justicia social y los derechos humanos, principalmente de los campesinos. Desde siempre, Molano se preguntó los por qué, los para qué y, principalmente, los hasta cuándo de la violencia en su país. Se rebeló al estudiar sociología. Se rebeló al contar noticias de los trabajadores rurales de los llanos, de los ríos, de las montañas, de los precipicios y de las selvas de Colombia. Contó -y convirtió en testimonio- la vida de los campesinos víctimas del conflicto armado. También integró la Comisión de la Verdad en Colombia. Este hombre sensible que aportó a la conciencia crítica de su país se escribió cartas con su nieta Antonia durante más de diez años. Esa correspondencia está recopilada en el libro “Cartas a Antonia”. Le quiere explicar el país en el que nació, narrarle su lucha, dejarle un legado… Para el episodio de hoy, sin embargo, no elegimos una carta de Molano. Sino una de las pocas publicadas de su nieta Antonia, en la que recuerda su olor, sus abrazos y esa conexión inolvidable de abuelo-nieta. Lee la actriz Jazmín Irupé Borojovich Berro.

    ****

    Ese saco rojo que usaba todas las mañanas al despertarte cuando ibas a tomar café, ese saco rojo que arropaba tus brazos cuando escribías, ese saco rojo que no fue uno sino muchos: cada que pasaba la vida tenías un nuevo saco rojo, siempre diferente marca, siempre de diferentes tonalidades, pero nunca dejó de ser rojo. Mis ojos vieron varios sacos y todos tenían algo en común: cuando tú lo tenías y me abrazabas me sentía salvo, como si fuera mi protección, mi amuleto. Ese saco rojo que siempre tuviste te acompañó hasta tus últimos días. Ese saco rojo que aún mantiene tu olor, tu sensación y tu amor. Yo soy la afortunada de tener ahora ese saco rojo, pero ahora sin tus brazos, sin tu pecho y sin esa sensación de seguridad y tranquilidad al abrazarte con ese saco rojo. Ahora solo me queda el saco rojo para sentirte, para olerte; ahora lo abrazo y siento que todo lo que vivimos juntos al lado del saco rojo. Añoro abrazarlo y que tu amor no esté detrás de él, añoro abrir un ojo y verte poniéndote ese saco rojo, un pantalón de sudadera gris y unos tenis amarillos que usabas como si fueran pantuflas. Extraño abrir mis ojos y verte con tu saco rojo preguntándome si quiero milo, ya que tú te vas a hacer un café. No me hallo sin ti y solo veo ese saco rojo que abrazo cuando me hace falta y huelo cuando no te encuentro. Sé que algún día se le va a ir este olor al saco rojo que huele a ti, a tu amor, a tus brazos y a tu café, pero no podré hacer nada, igual sentirás metido en el saco rojo que para mí es un portal entre tú y yo; es esa conexión que seguimos teniendo y aunque se le vaya tu olor al saco rojo tú seguirás ahí viéndome con esos ojos de enamorado que me ponías con que yo me derretía. Adiós abuelo, aquí te tendré y también tu saco rojo.

    7 min
  • Carta de José Mejuto, un condenado a muerte

    José Mejuto Bernárdez fue un obrero gallego nacido en 1906 y fusilado por el franquismo en 1937. Su nieta Ana, argentina, quiso conocer la historia de su abuelo y publicó “Cartas de un condenado a muerte”. El libro tiene el prólogo de Eduardo Galeano, que explica mejor que yo la historia de José: “Ana quería conocer al abuelo que no conoció. Él estaba, está, en las cartas que había escrito desde la cárcel. Este obrero gallego fue detenido porque sí, fue encarcelado por las dudas y por las dudas fue fusilado y enterrado sin nombre y con número". Acá va una de esas cartas, un texto precioso lleno de la dignidad de un espíritu sereno que muere con la conciencia tranquila porque no le hizo mal a nadie. Lee el actor Gabriel Fernández.

    ***

    En la Celda N° 2 de la Cárcel de Pontevedra, a 19 de Mayo de 1937. A mi queridísima esposa y compañera.

    Mi amada Alejandra: me pongo a escribirte estas últimas letras después de la visita que me has hecho hace un momento. Aún suenan en mis oídos aquellas dulces palabras entrecortadas por la emoción, cuando me decías llena de fe: “tú no puedes morir porque eres inocente” ¡Oh! ¡Alejandra de mi vida! ¡Qué feliz me hacías con aquellas palabras! Yo bien sabía que estaba condenado a morir inocente como uno de tantos otros mártires y que todas cuantas gestiones hicieses resultarían inútiles. Pero no obstante te daba alientos para que vivieses con la esperanza de salvarme la vida, a fin de que sufrieses menos durante el tiempo que durara este preámbulo de la muerte. Y así sufría yo menos no viéndote sufrir a ti. Ahora te pido que no me llores más, ya me has llorado bastante. Muero con la conciencia tranquila que no le he hecho mal a nadie y que no me he manchado jamás las manos en sangre. Ten fe en el porvenir y sabe esperar y verás cómo llegará un día en que mi sangre derramada inocentemente, como la de millares de españoles, servirá para hacer justicia sobre esos cobardes asesinos. Cuando ese momento llegue, esos asesinos no morirán como muero yo, con el espíritu sereno y tranquilo porque tengo la conciencia limpia, sino que morirán con el miedo de los cobardes. Y ante sus ojos despavoridos les parecerá ver el espectro de las víctimas por ellos inmoladas. Y en sus oídos les parecerá también oír la voz de sus víctimas, que les dirán “vuestra hora ha llegado, morid pues cobardes”. Y llegará un día que hasta sus hijos los maldecirán. No así los nuestros, que bendecirán enormemente la memoria de sus padres. Ánimo, pues. Tienes un corazón muy grande y generoso. Tu conciencia es pura y limpia, y confío que tendrás valor para hacer frente a la vida. No te separes nunca de mamá y de Carmiña. En todos los momentos aconséjate con mamá como hasta aquí, pues ella es buena y santa y te aconsejará siempre bien. Protege a Carmiña como si fueses yo, ocupando tú mi puesto de hermano y de padre. Ella es buena, porque es mi hermana. Y te quiere mucho, porque has sido para ella, más que una hermana una madre. Vela por su porvenir y aconséjala en todo momento. Con tu bondad sabrás perdonarla y reprenderla a la vez en esas faltitas que todos cometemos en la vida. Y así muy juntitas todas, honrareis mi memoria. A mis cuatro hijos, a nuestros cuatro hijos, les dejo una carta. Puedes abrirla y leerla, y cuando sean mayores, se las lees muchas veces y las guardas. ¡Oh! Hijos míos, sois pequeñitos y no os dais cuenta de las amarguras por que pasa vuestro padre. Este padre que tanto os quiere. Alejandra: para que mi recuerdo viva siempre en ellos, relátales a menudo cómo jugaba con ellos, cómo les cantaba cogidos en mis brazos. En fin, todos los pormenores de mi vida para con todos y para con ellos. Y así, cuando lleguen a mayores, podrán saber cuánto les quiso este padre que siempre ha inspirado sus actos en el bien con todo el mundo. ¡Adiós, Alejandriña de mi vida! ¡Adiós amor de mi vida! No me llores más. Nuestro amor ha sido grande y vivirá eternamente. Soy tu esposo y compañero

    José Mejuto

    10 min
  • Carta de Anthony Hopkins al actor de "Breaking Bad"

    Este es el episodio 184 desde el inicio de Epistolar y el último de la sexta temporada. Como siempre, queremos darte las gracias por estar ahí y darle sentido a este trabajo. En las redes te iremos contando las novedades y cómo sigue este proyecto. Ahora, las cartas. En el mundo del arte -y en otros mundos también para ser sinceros-, el ego es pan de todos los días. El vínculo de los artistas y el ego es algo particularmente complejo. Ahí están siempre al acecho la tentación de sentirse superior, compararse con otros, demandar reconocimiento, pavonearse de las habilidades… Y así la lista podría continuar. Pasa también que algunos grandísimos creadores son capaces de trascender el ego artístico. Y conectar con el ser artístico propio y el de otros. Esta carta es una historia de esas. Anthony Hopkins está en su casa de Malibú y acaba de terminar una maratón de “Breaking Bad”. Es casi medianoche y está maravillado con lo quea caba de ver. En un acto de gran generosidad, Hopkins le escribió inmediatamente a Bryan Cranston, actor y productor de la serie. Le dice que la producción es brillante y que su actuación es lo mejor que vio en su vida. Le agradece por su trabajo y le dice que gracias a él recuperó la confianza en la industria. No señor. Nada de egos ni de pavoneos tontos. Un grande entre los grandes elogia a un actor maravilloso. Lee el actor, docente y promotor cultural Pepe Cantellano.

    ***

    Querido señor Cranston, quería escribirle este email, así que le he contactado a través de Jeremy Barber, resulta que ambos estamos representados por UTA. Genial agencia. Acabo de terminar una maratón de 'Breaking Bad', desde el episodio 1 de la primera temporada hasta los ocho episodios de la sexta. (He descargado la última temporada por Amazon) Un total de dos semanas de visionado (adictivo). Nunca he visto nada parecido, es brillante. Su

    actuación como Walter White es la mejor actuación que he visto nunca. Se que hay mucho humo y chorradas en este negocio, y he perdido un poco la capacidad de creer en algo con certeza. Pero este trabajo suyo es espectacular, absolutamente asombroso. Qué extraordinario es el poder compartido por toda la producción ¿Qué fueron, cinco o seis años para hacerla?Cómo los productores (siendo usted uno de ellos), los guionistas, directores, cámaras... Cada departamento, casting, etc, se las han arreglado para mantener la disciplina y el control desde el principio hasta el final es (palabra sobreutilizada) increíble. Desde lo que empieza como una comedia negra, desciende en un laberinto de sangre, destrucción e infierno. Es algo como Jacobeo, Shakesperiano o una tragedia griega. Si alguna vez tiene la oportunidad, podría pasar mi admiración hacia todos (Anna Gunn, Dean Norris, Aaron Paul, Betsy Brandt, R.J. Milte, Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Steven Michael Quezada) a todos. Todos dan una clase magistral de interpretación... La lista es interminable. Muchas
    gracias. Este tipo de trabajo/ arte es raro, y cuando, de vez en cuando, ocurre, como en este épico trabajo, restaura la confianza. Usted y todo el casting son los mejores actores que he visto. Esto os debe de sonar como una fumada sin fundamento, pero no lo es. Es casi medianoche aquí en Malibú, y sentía la necesidad de escribir este email. Mi más sincera enhorabuena y profundo respeto. Es usted de verdad un actor genial, genial. Saludos,

    Tony Hopkins

    8 min
  • Carta de Miguel Hernández a Juan Ramón Jiménez

    Miguel Hernández fue uno de los poetas decisivos de la primera mitad del siglo XX. Su figura es múltiple y en él confluyen muchos artistas: el poeta barroco, el poeta social, el poeta antibélico, el poeta del dolor y de la muerte… Y así la lista podría continuar. Fue también llamado el poeta pastor porque ejerció ese oficio en su Orihuela natal. Vivió sólo 31 años. Fue apresado por el franquismo, castigado por la tuberculosis y la desnutrición. Cuando estaba en la cárcel, su mujer Josefina Manresa le mandó una carta en la que le decía que sólo tenían pan y cebolla para comer. Como respuesta, el poeta compuso “Nanas de la cebolla”. En esta carta, un jovencísimo Miguel Hernández le escribe a Juan Ramón Jiménez, que ya era un poeta consagrado y que, décadas después, ganaría el Nobel de Literatura. Le cuenta que es pastor, que escribe poesía y que le gustaría viajar a Madrid para conocerlo y leerle algunos versos. Es una carta preciosa, en la que se ve, de forma vívida, su amor por la naturaleza y su atracción por la palabra poética. Lee el actor y locutor Carlos Toral Conde.

    ***

    Orihuela, noviembre de 1931

    Venerado poeta: Solo conozco a usted por su «Segunda Antología» que -créalo- ya he leído cincuenta veces aprendiéndome algunas composiciones. ¿Sabe usted dónde he leído tantas veces su libro? Donde son mejores: en

    la soledad, a plena naturaleza, y en silenciosa, misteriosa llorosa hora del crepúsculo, yendo por senderos empolvados y desiertos entre
    sollozos de esquilas. No le extrañe lo que le digo, admirado maestro; es que soy pastor. No mucho poético, como lo que usted canta, pero sí un poquito poeta. Soy pastor de cabras desde mi niñez. Y estoy contento de serlo porque, habiendo nacido en casa pobre, pudo mi padre darme otro oficio y me dio este que fue de dioses paganos y héroes bíblicos. Como le he dicho, creo ser un poco poeta. En los prados por que yerro con el cabrío ostenta natura su mayor grado de belleza y pompa; muchas flores, muchos ruiseñores y verdones, mucho cielo y muy azul, algunas majestuosas montañas y unas colinas y lomas tras las cuales rueda la gran era del Mediterráneo. Por fuerza he tenido que cantar. Incluso, tosco, sé que escribiendo poesía profano el divino arte... No tengo culpa de llevar en mi alma una chispa de la hoguera que arde en la suya. Usted, tan refinado, tan exquisito, cuando lea esto, ¿qué pensará? Mire: odio la pobreza en que he nacido, yo no sé... por muchas cosas... Particularmente por ser causa del estado inculto en que me hallo, que no me deja expresarme bien claro, ni decir las muchas
    cosas que pienso. Si son molestas mis confesiones, perdóneme, y... ya no sé cómo empezar de nuevo. Le decía antes que escribo
    poesías... Tengo un millar de versos compuestos, sin publicar. Algunos diarios de la provincia comenzaron a sacar en sus páginas
    mis primeros poemas, con elogios... Dejé de publicar en ellos. En provincia leen pocos los versos y los que los leen no los entienden. Y heme aquí con un millar de versos que no sé qué hacer con ellos. A veces me he dicho que quemarlos tal vez fuera lo mejor. Soñador, como tantos, quiero ir a Madrid. Abandonaré las cabras -¡oh, esa esquila en la tarde!- y con el escaso cobre que puedan darme tomaré el tren de aquí a una quincena de días para la corte ¿Podría usted, dulcísimo Juan Ramón, recibirme en su casa y leer lo que le lleve? ¿Podría enviarme unas letras diciéndome lo que crea mejor? Hágalo por este pastor un poquito poeta, que se lo agradecerá eternamente.

    Miguel Hernández

    8 min
  • Carta de amor tempestuoso de Elizabeth Taylor

    Elizabeth Taylor fue una estrella de cine casi desde la cuna. Alguien que a los 10 años filmó su primera película y se hizo famosa de una vez y para siempre. Quizá la palabra famosa le quede chica. Era una celebridad planetaria de una belleza hipnótica y una mirada profunda de color violeta. Taylor ganó dos Oscars de la Academia y alguna vez dijo que estaba harta de su belleza y del estrellato de Hollywood. Fue famosa también por sus amores. Se casó ocho veces con siete hombres, lo que la convirtió en pasto de la prensa sensacionalista. Lo hizo dos veces con Richard Burton, a quien conoció filmando “Cleopatra”. Fueron la pareja del momento. Fueron también dos grandes amantes del exceso. Bebían en exceso. Gastaban en exceso. Y, si cabe el término, se amaban en exceso. La relación fue tan intensa que pasó a la historia de Hollywood. Esta carta de amor, escrita en lápiz, es un botón de muestra de ese amor tormentoso. Elizabeth le escribe a Richard, un gran mujeriego, en el décimo aniversario de bodas. Y pocos días antes de una de sus tantas rupturas. Le dice te amo. Le dice te odio. Le dice dame más. Lee la actriz Josefina Bocchino.

    ***

    Mi querido, (mi todavía) marido: Desearía poder hablarte de mi amor por ti, de mi miedo, de mi deleite, de mi puro placer animal por ti (y contigo), de mis celos, de mi orgullo... De mi ira hacia ti, a veces… Sobretodo quiero hablarte de mi amor por ti y el amor que sea que puedas darme. Desearía poder escribir sobre ello, pero sólo puedo hervir y quemarme por dentro y esperar que entiendas lo que realmente siento. En cualquier caso, te deseo. Tu (aún) esposa.

    Liz

    PD: Oh, amor, ¡nunca más nos demos por sentados el uno al otro! ¿Qué te parece? ¡¡10 años!!

    6 min
  • Carta de Rufino Tamayo sobre el arte de ser libre

    Rufino Tamayo fue uno de los artistas mexicanos más trascendentes del siglo XX. Junto con los considerados “Los Tres Grandes”: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Siqueiros. Su obra se destaca por los colores sobrios, por los lienzos sensuales, por la síntesis de sus formas… Un virtuoso en técnicas clásicas y un gran innovador, principalmente en el arte de la estampa. Fue también un artista que de forma consecuente promovió discursos de humanidad y de libertad. En este episodio elegimos dos cartas dirigidas a Olga, su compañera durante 57 años y a quien pintó en numerosos retratos. La primera carta es, casi, una oda a esa libertad, con postales de su infancia y del descubrimiento de la pasión por el arte. Y la segunda es casi un adiós a su pareja, cuando tenía 92 años. Lo hace con una frase bellísima: “Adonde me lleve la historia quiero estar a tu lado”, le dice. Lee el actor Enrique Cueva.

    *

    New York 1927

    Olga mía, una vez dije que mi gran tesoro siempre estuvo retratado en cada cuadro. ¿Dónde?,me preguntaban asombrados, sin darse cuenta de que hablaba del gran sentido de libertad que me llevó a pintarlos. No sé si la palabra “libertad” signifique lo mismo para todos. Yo la veo como a un par de alas con las que puedo despegar al infinito. Las tuve desde siempre y estuvieron ahí para auparme en los peñascos de los que estaban a punto de caer. Recuerdo, por ejemplo, cuando nos mudamos con tía Amalia a la

    capital. Nunca antes había visto una ciudad tan grande, un cielo lacrimoso bajo el cual miles de personas iban y venían de todas partes. Me tocó vencer el gris con el que nos tiñe el miedo y caminar de la mano de la tía las cuadras que separaban el paradero de camiones de la casa. Tampoco le di oportunidad al miedo cuando trabajé en el mercado. Tía Amalia tenía un puesto de frutas en el que yo hacía los mandados, cuidaba, vendía. Todo un administrador, figúrate. Eso hasta los 17 años, porque entonces se me metió en la cabeza esta ola de hacerme pintor. ¿De dónde la habré sacado, mi Olga? Lo cierto es que ese deseo no llegó solo: lo acompañaba una terquedad invencible. Nada pudo detenerme en mi intento por crear. Sí, es cierto, había más de un profesor en la Escuela de Bellas Artes de
    San Carlos que me decía que mi trabajo era premonitorio. ¿En verdad?, preguntaba emocionado; “sí”, decían, premonitorio del fracaso. No les hice caso y cuando se pusieron más valerosos los dejé dentro de sus paredes. Renunciar a la Escuela no fue tan malo. Afuera, supe el valor de la disciplina propia para alcanzar las cosas que uno anhela. Levantarme temprano, leer hasta el mediodía, dibujar y pintar hasta que los ojos me ardieran como brasas, era parte de la
    rutina. Lo juro, mi Olga, así fueron apareciendo los primeros cuadros como milagros. Me dormía cansado en el taller y al amanecer la luz del nuevo día los desvestía para mostrármelos: formas, grietas, planicies, rostros que no tenían nada que ver con la realidad pero que en su deformación eran los rostros que había guardado en el alma. Creo que en alguna ocasión te lo conté, ahora mi recuerdo es un poco disperso por el calor que inunda la habitación, por eso me disculparás si vuelvo a inquietarte con esto: cuando me mudé a mi
    primer taller yo sentí un mal presagio. No podía creerlo, hasta en las cosas más mínimas me perseguía mi fantasma oaxaqueño: la ventana de aquel taller daba a una calle llamada “De la Soledad”. Cuando uno nace para maceta, decía mi madre, no sale del corredor.

    México D.F. 1990

    Olga, tendido en esta cama no dejo de pensar en la paciencia. El tiempo que ahora me falta transcurre al otro lado de la ventana y lo veo alejarse con la resistencia de mi aliento. ¿Qué he tenido que aprender en estos 92 años? Adonde me lleve la historia quiero estar a tu lado. Se me ocurre, por ejemplo, descansar en un nicho ubicado en el museo que ambos fundamos, en la estela de una estrella, en el canto de un pájaro. En alguno de esos espacios que siendo eternos también son campos santos.

    8 min
  • Carta de Khalil Gibrán (El Profeta)

    ¿Qué tienen en común Los Beatles, John F. Kennedy e Indira Gandhi? No es fácil acertar. Todos fueron influenciados por las palabras del poeta libanés Khalil Gibrán. El hombre murió en 1931, pero aún hoy es considerado en su país como un héroe literario. Su libro “El profeta” apareció en 1923 y, desde entonces, nunca

    dejó de publicarse. Fue traducido a 50 idiomas y es uno de esos libros llenos de sabiduría, capaz de hablarnos sobre cuestiones fundamentales de la vida. Esos libros que se pueden regalar a un amor, con motivo de un nacimiento o a una persona que perdió a un ser querido. En Occidente se lo tildó de simplista, de inocente, de carente de sustancia... Pero Gibrán es uno de esos escritores inoxidables. Alguien que ofrecía en sus escritos un espiritualismo universal sin dogma. Quizá en contraposición a la ortodoxia religiosa. Como una pequeña muestra de esa escritura, acá va una carta de Gibrán a su amiga y mecenas Mary Haskell. Lee el actor y locutor Galo Balcázar.

    ***

    Para vivir es necesario coraje. Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades. Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida. Esta aventura requiere una única osadía: descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros, y estar dispuesto a entregarse. No se puede tener los ojos de uno, los oídos de otro, para saber de antemano lo que va a ocurrir; cada existencia es diferente de la otra. No importa lo que me espera, yo deseo estar con el corazón abierto para recibir. Que yo no tenga miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien, hasta que me lo corten. Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes. Déjenme ser tonto hoy, porque la tontería es todo lo que tengo para dar esta mañana; me pueden reprender por eso, pero no

    tiene importancia. Mañana, quién sabe, yo seré menos tonto. Cuando dos personas se encuentran, deben ser como dos lirios acuáticos, que se abren de lado a lado cada una mostrando su corazón dorado, y reflejando el lago, las nubes y los cielos. No logro entender por qué
    un encuentro genera siempre lo contrario de esto: Corazones cerrados y temor a los sufrimientos. Cada vez que estamos juntos, conversamos durante varias horas seguidas. Si pretendemos pasar juntos todo ese tiempo, es importante no tratar de esconder nada… y mantener los pétalos bien abiertos.

    6 min

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