Epistolar

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By Antología de lo íntimoSociety & Culture
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Epistolar episodes

  • Carta de Sherwood Anderson con consejos a su hijo

    Sherwood Anderson fue periodista, cuentista y novelista. Un gran maestro de la literatura estadounidense, del relato breve, del cuento simple y directo. Y, principalmente, verosímiles. La historia lo recuerda también por ser el maestro y mentor de nada menos que William Faulkner. Antes de dedicarse a la literatura, fue publicista y empresario hasta que decidió dejar todo para escribir. En esta carta, el escritor le habla a su hijo John, que quiere ser pintor. Es un texto con consejos, sí, pero principalmente un manifiesto sobre el empleo del tiempo, el dinero y las complejidades de ser artista. Lee el actor José Escobar.

    ***

    Querido John: Me atrevo a decir que lo mejor es aprender algo de buena manera para ganarse la vida. Parece que Bob está ganando terreno en el negocio de los periódicos y ha recibido otro aumento. Él está siendo bien entrenado, trabaja en una ciudad más pequeña. En cuanto a los campos científicos, cualquiera de ellos requiere una larga formación

    y una aplicación intensa. Si tú estás hecho para eso, nada podría ser mejor. A la larga, tendrás que llegar a tu propia conclusión. Las artes, que probablemente ofrezcan mayor satisfacción a un hombre, son inciertas. Es difícil ganarse la vida. Si tuviera que ocuparme de mi propia vida, supongo que seguiría siendo escritor, pero estoy seguro que le daría mi mayor atención a aprender a hacer cosas directamente con mis manos. Nada entrega más satisfacción que hacer las cosas uno mismo. Por sobre todo, evita seguir el consejo de los hombres que no tienen cerebro, ni idea de lo que están hablado. La mayoría de los pequeños hombres de negocio, simplemente dicen “mírame”. Suponen que si acumularon un poco de dinero y tienen una posición en un pequeño círculo, son capaces de asesorar a cualquiera. Junto a las ocupaciones, está la construcción del buen gusto. Eso es
    difícil, de largo aliento. Pocos lo logran. Hace toda la diferencia del mundo, al final. Me sorprende constantemente lo poco que saben los pintores sobre pintura, los escritores sobre escritura, los comerciantes sobre negocios, los fabricantes sobre fabricación. La mayoría de los hombres simplemente pierden el rumbo. Hay una especie de astucia en muchos hombres que les permite obtener dinero. Es la astucia del zorro tras el pollo. Una mentalidad mezquina a menudo va de la mano. Sobre todo, me gustaría que vieras, por tus propios ojos, todo tipo de hombres. Eso te será de gran ayuda. ¿Cómo se logra? Precisamente, no lo sé. Quizás se pueda encontrar un camino. De todos modos, te veré este verano. Comenzamos a empacar de regreso esta semana. Con afecto,

    Papá

    6 min
  • Carta de Cristina Peri Rossi a Julio Cortázar

    “Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte como la mano izquierda enamorada de ese guante que vive en la derecha”. Ese es uno de los poemas que Julio Cortázar le dedicó a Cristina Peri Rossi. La notable escritora uruguaya, ganadora del Premio Cervantes, fue algo así como el amor imposible del autor de “Rayuela”. Se conocieron a través de una carta. Ella se exilió en España a inicios de los 70. Él la ayudó a huir a París. Fue una amistad. Y

    fue también amor. Una amistad amorosa. ¿Quién dijo que tienen que ser calles que nunca se cruzan? Compartieron viajes, compartieron el humor, muchas cartas y una fascinación mutua. Él le dedicó poemas. Y ella, muchos años después de su muerte, escribió el libro “Julio Cortázar y Cris” como una suerte de homenaje y una crónica de ese vínculo. Acá va un texto de Cristina a Julio. Un amor sin etiquetas. Amor a secas. Amor sin más. Lee la actriz Sabrina Speranza.

    ***

    Barcelona, octubre del 2000. A veces escucho tu voz y tus palabras en trozos de las cintas que me enviaste y recupero algunas de las cosas más queridas: el olor del tabaco de tu pipa (yo probé a pasarme a la pipa inútilmente: lo único que quería era dejar la pipa para fumarme un buen cigarrillo), la melancolía de tus ojos celestes, los pantalones de pana que te quedaban un poco cortos, siempre, la manera de pronunciar la palabra: "terrrrrrible" y a María Bethânia cantando "Drama". Ya no colecciono caleidoscopios -posiblemente porque no estás vos para quedarte extasiado mirando las formas y colores- y tengo la sensación de que el mundo, tal como va, no te gustaría, que tendrías muchas cosas que decirle, con tu sonrisa irónica, con tus atribuciones a la tía Celia, que por suerte no está para desmentirte. También pienso que no te arrepentirías de nada, porque nunca fuiste injusto y tenías un corazón tan grande -como dijo Juan Rulfo- que fue necesario inventarte un cuerpo muy grande, también, para contenerlo. Para un escritor, lo más difícil es estar a la altura de su obra. En tu caso, eso te exigió crecer muchísimo.

    6 min
  • Carta de Roberto Arlt a su hija

    Roberto Arlt es uno de los escritores fundamentales de la literatura argentina. Hoy, las universidades estudian la narrativa arltiana, que incluye novelas, cuentos, obras de teatro y, por supuesto, periodismo con sus maravillosas aguafuertes. Pero no siempre fue así. A lo largo de varias décadas, su nombre había pasado desapercibido en el ámbito literario. Al margen de los aspectos temáticos e ideológicos de su obra, hay un hecho curioso que caracteriza a muchos de sus textos: siempre aparece un hombre que sueña con ser inventor. Algo que no deja de ser un hecho autobiográfico porque el propio Arlt soñaba con pegarla con un gran invento. Era un amante de la física y de la química, incluso llegó a patentar algunas de sus iniciativas. En esta carta, le escribe a su hija, que acaba de ser aplazada en un examen. La consuela, le da calma y le dice que esos asuntos no son tan importantes. También le cuenta de un invento que ocupa toda su cabeza: unas medias para damas reforzadas con caucho. Acá va la fascinanción de un inventor fracasado. Acá va la narrativa de un escritor brillante. Lee el actor Mauricio Jortack.

    ***

    Querida Mirtita: Recibí tu carta. No es para tanto un aplazo. Partí del principio que nosotros los Arlt nunca hemos sido fuertes en gramática y ortografía. Yo todavía no sé a ciencia cierta que diferencia existe entre un verbo y un adverbio. En cuanto a ortografía no necesito darte referencias. En cuanto al viejo de mierda ese, paciencia. Volvé a dar el examen y tomá ese asunto con la tranquilidad que hay que darle a todos los asuntos debajo del sol. Si vos situás en otro planeta a una muchacha que aplazan en ortografía y gramática te darás cuenta que eso no tiene importancia. Estudiá otra vez y listo. No te he escrito con la frecuencia que quisiera y tampoco he ido por allá, porque constantemente estoy ocupado con este asunto de las medias, ya que queremos salir comercialmente con los primeros días. Y vamos a salir. (…) Te mando aquí un pedazo arrancado de una media tratada con mi procedimiento. Te darás cuenta que sacándole el brillo a la goma (me van a entregar ahora una goma sin brillo ni tacto como el que tiene ésta) el asunto es perfecto. Tendrán que usar mis medias en invierno. No hay disyuntiva. (…) Escribime diciendome qué impresión te produce este pedazo que te he enviado. Se puede lavar con agua caliente. No calentará la pierna en invierno porque su temperatura interna se contrabalanceará con la temperatura externa. Bueno, como ves, no pierdo tiempo. Esta media durará por lo menos un año. Su transparencia es notable. Ponele papel impreso atrás y podés leerlo. Querida Mirtita, tené la seguridad que esto pronto estará en marcha comercial. Yo no pierdo un solo día. Todos los días trabajo en esto, para ponerlo a punto industrialmente ya faltan muy pocos detalles, pero detalles que hay que ultimar. Dale saludos a mamá y recibí un abrazo de tu papá que te quiere y recuerda siempre. Trabajá en el ingles con el mismo ánimo que yo trabajo en las medias. Chau linda. Roberto


    6 min
  • Carta de consuelo de Silvina Ocampo a una amiga

    Alguna vez, Carlos Monsivais escribió un precioso libro llamado “El género epistolar: Un homenaje a manera de carta abierta”. En ese

    ensayo, el mexicano dice que, entre muchas otras cosas, una carta es una conversación entre dos ausentes. En este caso, en el episodio de hoy, la charla es una caricia, un decirle “acá estoy” al otro cuando más lo necesita. Silvina Ocampo, una de las autoras más exquisitas de la literatura argentina, le escribe a su amiga, la artista plástica Norah Borges, que acaba de perder a su marido. Le ofrece cobijo en su casa de Mar del Plata y un cuarto donde pintar con tranquilidad. En definitiva, una amiga que le dice a la otra: contá conmigo. Acá estoy para vos. Lee la actriz y locutora Gladys Pierpauli.

    ***

    Querida

    Norah: todo el tiempo he pensado en vos y no me conformo de no verte y no acompañarte en estos momentos. Me rompiste el corazón por teléfono, los otros días: desde ese momento no hago más que oírte! Por favor escribíme y decime cómo estas. Si querés venir a Mar del Plata avisame. Te esperaré siempre, te reservaré un cuarto donde puedas pintar mientras disponga de una casa. Perdona este papel, este lápiz y esta letra. Te escribo en la oscuridad del comedor. Llueve, hay relámpagos. Qué inseguro es el mundo!!! Te quiero con toda mi ternura segura

    Silvina


    5 min
  • Carta-lista de amor de Norah Borges

    En muchas ocasiones, nombrar a Norah Borges remite inmediatamente a la figura de su hermano Jorge Luis. Pero reducirla a eso está muy lejos de hacerle justicia. Leonor Fanny Borges Acevedo, ése era su verdadero nombre, nació en 1901 y murió en 1998. Fue parte de la vanguardia del arte en la argentina. Hizo grabados, pintó e ilustró libros de españoles emigrados al país, como León Felipe, Rafael Alberti y Ramón Gómez de la Serna. Fue una artista de la vanguardia argentina, como otros de su generación con los que compartió tiempo, como Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y Gabriela Mistral. En algún momento de su vida y

    anticipándose a su tiempo, Norah comenzó a hacer listas. Listas de
    todo. Listas para analizar pinturas. Listas para hablar de las cosas
    que le gustaban. Listas como una forma de estilo. Listas para sistematizar. Y para nombrar al mundo. Esta es una de las cartas que
    inaugura esa metodología. Se la manda al escritor y crítico español
    Guillermo Torre, que en ese momento era su pareja y luego fue su
    esposo. Acá va una carta-lista de amor de Norah, la hermana de Jorge Luis. Pero, principalmente, la mujer que vale por su propia obra. Lee la actriz María Seghini.

    ***

    1º Guillermo, tus mejillas,

    tus ojos, tu voz, tu alma, tus besos más que todo.

    2º tus cartas

    3º Viajes a países lejanísimos, el mar, el desierto del Sahara, bahías con palmeras y casas de colores, Valldemosa

    4º la moda, los vestidos, Palermo y la calle Florida

    [elude el 5°]

    6º pasear por el campo con amigas, descubrir con ellas algún paisaje, buscar con ellas algún milagro, algún signo de ti.

    7º una casa llena de antigüedades, con una terraza sobre el mar, con benjuí, visitas decorativas y una gran biblioteca para que leyeras tú y Georgie.

    8º L`Esprit – Nouveau, los cuadros de Picasso y de Marie Laurencin, el color mora y el color azul, el rosa y el naranja, el rosa y el verde, pintar con colores muy claros y del mismo valor, dibujar con un lápiz de punta muy fina.

    9º La siesta en algún bosque, buscándote a ti, leer contigo “Le bal du comte d’Orgel” y mirar a Juan Ramón Jiménez y a Cansinos.

    11º descubrir alguna momia en el desierto o algún paisaje misterioso en un castillo. que tu fueras un sabio, o un astrónomo, o un pastorcito.

    12º que me adores como yo te adoro. Viajar contigo

    6 min
  • Carta de Rebecca Solnit sobre el amor a los libros

    Epistolar existe por el amor a la palabra escrita, a las cartas y,

    principalmente, a los libros. Pero si alguien me hace una pregunta
    sencilla sobre la práctica de la lectura. Por ejemplo, ¿por qué te
    gusta leer? Me quedo indefenso. Contesto cosas atolondradas, no sé explicarlo. O lo explico mal. Borges decía que el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soportan el modo imperativo. “La lectura debe ser una de las formas de felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”, decía Borges, que sabía por viejo pero, principalmente, por sabio. La ensayista, historiadora y militante feminista Rebecca Solnit bucea en este tema en su precioso libro “La velocidad del ser: Cartas a un joven lector”. Se pregunta por qué leemos, cómo los libros nos transforman y, acá va una fácil de hacer pero difícil de responder, para qué sirve un libro. Esta es una carta dirigida a niños lectores, pero también a la niña que ella fue. Una carta de amor al libro. Uno de esos amores eternos, que nunca nos defraudan. Lee la actriz y poeta Carmen de la Osa.

    ***

    Queridos lectores,

    Casi todos los libros tienen la misma arquitectura -tapa, lomo,

    páginas-, pero al abrirlos le abren a ustedes mundos y regalos mucho más allá de lo que son el papel y la tinta. En su interior son de todas las formas y están ahí todo el poder. Algunos libros son herramientas que coges para arreglar cosas, desde las más prácticas a las más misteriosas, desde tu casa a tu corazón. O para hacer cosas, desde pasteles a barcos. Algunos libros son alas. Algunos son caballos que corren con ustedes montados. Algunos son fiestas a las que te invitan, llenas de amigos que están allí incluso cuando tú no tienes amigos. En algunos libros conoces a una persona extraordinaria; en otros, a todo un grupo o incluso a una cultura. Algunos libros son medicinas, amargas pero clarificadoras. Algunos libros son rompecabezas, laberintos, marañas, junglas. Algunos libros largos son viajes y al final no serás la misma persona que al principio. Algunos son luces con los que puedes iluminar casi cualquier cosa. Los libros de mi infancia eran ladrillos, no para tirar, sino para construir. Apilé los libros a mi alrededor como protección y me retiré dentro de sus almenas, construyendo una torre en la que
    escapé de mis infelices circunstancias. Allí viví muchos años, enamorado de los libros, refugiándome en ellos, aprendiendo de los libros una extraña versión desfasada y rica en datos de lo que significa ser humano. Los libros me dieron refugio. O, mejor dicho, construí refugio con ellos, con esos libros que eran a la vez ladrillos y hechizos mágicos, hechizos protectores que tejía a mi alrededor. Pueden ser puertas, barcos y fortalezas para cualquiera que los ame. Y crecí para escribir libros, como esperaba. Así que sé que cada
    uno de ellos es un regalo que un escritor hizo a desconocidos, un
    regalo que he dado unas cuantas veces y he recibido otras tantas,
    todos los días desde que tenía seis años.

    Rebecca Solnit

    #RebeccaSolnit #Cartas #Libros

    8 min
  • Carta de amor de Pedro Salinas a Katherine Whitmore - Lee Fernando Soto

    Se puede reconstruir la historia, quizás la arqueología, de una

    pareja a través de su epistolario amoroso. Si una de las partes es
    un extraordinario poeta, las cartas se convierten en uno de los
    documentos más hermosos de la literatura española del siglo XX. Estoy hablando del español Pedro Salinas, uno de los grandes
    escritores de la Generación del 27, que integraron Federico García
    Lorca, Rafael Alberti y León Felipe, entre otros. Salinas era “el
    poeta del amor” de esa generación. Cuando terminó la Guerra Civil Española, Salinas se exilió en los Estados Unidos. Allí conoció a la estudiante Katherine Whitmore durante el verano de 1932. Se enamoró perdidamente de ella y le escribió más de 300 cartas de amor. Ésta es una de esas bellas cartas, en la que el poeta no sólo hace una espléndida demostración de su talento para escribir. También habla del amor como una prodigiosa fuerza, que le da plenitud y sentido a nuestras vidas. Lee el actor Fernando Soto.

    ***

    Desgarramiento. Una mujer, una Katherine, se queda allí, metida en

    aquel cajón de madera, entre seres desconocidos, frente a una noche triste e incógnita. Allí hay que dejarla. Fatalmente. Y la otra
    mujer, la otra Katherine, permanece invisible y presente a mi lado,
    se viene conmigo, alegremente colgada de mi brazo, mirándome en la mirada noble, pura y honda de siempre.
    No, en la estación, en la despedida no hay una separación simple de
    ser con ser, no, cada uno de nosotros nos separamos no de la otra
    criatura querida sino también de aquella parte nuestra que ella
    quiere y que se va con ella. ¿Verdad que anoche tú no te has
    separado de mí, ni yo de ti? Más bien yo me he separado de mí
    mismo, eso siento, y tú de ti misma. Y tengo, anoche, hoy, la sensación de andar entre fantasmas y sombras, con alguien al lado, a
    quien no puedo estrechar, pero que vive en torno mío, y se me escapa cada vez que quiero cogerlo. Sensación angustiosa y dulce a la vez, caricia desgarradora.
    Además, qué pena anoche, aquellos momentos últimos, atropellados por la estupidez y el desorden. ¡Qué ira sentí contra toda aquella gentuza innoble, qué ganas de látigo, de echarlos a todos, de hacerte sitio, un gran sitio, un tren sólo para ti! Al salir todos mis sentidos se complacían, ¿sabes en qué? En sentir en el
    bolsillo, junto al pecho, el bulto de tu carta. ¡Qué mentira eso de que el papel no pesa! Anoche el papel de tu carta me pesaba como la más hermosa y grave de las realidades. Lo sentía allí, en el bolsillo, como una prueba material de que eras, de que habías existido. Porque, ¿sabes?, empecé a dudar. A dudar de todo, de tu realidad, de la mía, del mundo, de los días recientes... Sólo el peso de tu carta en el bolsillo me servía de prenda, de prueba. Vivía yo en ese rectángulo de papel. Era el lugar más cierto del mundo. Y antes de poder abrirla, así, cerrada y en el bolsillo, tu carta era el puente con la vida, el sí que me daba la vida a la pregunta atormentada: «¿Soy? ¿Es? ¿Somos?».
    Sí, sí, sí. Todo, sí. Todo, sí, oye, todo sí. Y luego en mi
    cuarto la leí. La he leído. La leeré. ¡Cuántas delicias! Primero
    la delicia de ir aprendiendo tu escritura, tu letra, de tropezar en
    una palabra y descifrarla, por fin. ¡Tu escritura, un modo más de
    ti, una manera más de vivir tú!
    Primera carta tuya, en inglés. Júbilo, júbilo, alegría.
    ¡Sensación festival, inaugural, de promesa, de fiesta! No importa
    que toda tu carta esté teñida de una sombra de melancolía, tierna
    y suave. Así debía ser, así. Pero por encima de esa melancolía,
    hay algo que me da un gozo sin límite. Esto. «You have taken away
    the cynicism which was growing upon me. » ¿Es posible? ¿Tendré yo
    la suerte de ser elegido para en un momento difícil de tu vida
    salvarte de algo? (***). Eres pura, leal, clara. De ti sólo puede venir luz alta, luz de paraíso.
    Pedro

    11 min
  • Carta de despedida de Ennio Morricone

    La muerte es, como muchas cosas que nos pasan, algo simbólico, histórico y socialmente construido. Algo cargado de ritos: los funerarios, el duelo, el luto… En la cultura occidental, principalmente, seguimos entendiendo a la muerte como algo negativo, como un tabú del que nadie quiere hablar, un lugar al que nadie quiere llegar. ¿Y si fuese de otra forma? Puede ser una pregunta boba, pero pienso en voz alta junto a ustedes. ¿Y si aceptamos con calma que esto no dura para siempre? Que la vida es limitada y un día terminará. Justamente sobre eso trata esta carta. El italiano Ennio Morricone escribe este texto poco antes de morir. El músico y creador de la banda sonora de más de 500 películas se despide de este modo, con una breve carta, “porque no quiero molestar” dice. Ésta es la misiva de un hombre que se va en paz, reconociendo nuestra dependencia y la necesidad humana de otros. Acá el instante del adiós definitivo. Lee el actor Pablo Mónaco. La ilustración que acompaña este episodio fue realizada por el artista Santino Córdoba. Pueden seguir sus trabajos en @santino_cordoba11 y @creartsa22.

    ***

    Yo, Ennio Morricone, he muerto. Lo anuncio así a todos los amigos que siempre me fueron cercanos y también a esos un poco lejanos que despido con gran afecto. Pero un recuerdo particular es para Peppucio y Roberta, amigos fraternos muy presentes en estos últimos años de nuestra vida. Hay solo una razón que me empuja a despedirme de este modo y a tener un funeral privado: no quiero molestar. Saludo con mucho cariño a Ines, Laura, Sara, Enzo y Norbert por haber compartido conmigo y con mi familia gran parte de mi vida. Quiero recordar con amor a mis hermanas Adriana, Maria y Franca y sus seres queridos y hacerles saber cuánto las quise. Un saludo lleno, intenso, profundo a mis hijos Marco, Alessandra, Andrea y Giovanni, mi nuera Monica y a mis nietos, Francesca, Valentina, Francesco y Luca. Espero que entiendan cuánto los he amado. Por último María (pero no última). A ella renuevo el amor extraordinario que nos ha mantenido juntos y que lamento abandonar. A ella es mi más doloroso adiós.

    6 min
  • Carta de la filósofa Simone Weil sobre el amor y la posesión

    Simone Weil fue una mujer con una vida breve durante la Segunda Guerra Mundial. Nació en París en 1909 y murió a los 34 años, a causa de una tuberculosis.

    Fue teóloga, socióloga y, principalmente, una influyente pensadora. Alguien que consideraba que su deber en el mundo era luchar contra la opresión que el poder arroja sobre el sujeto. Pero no lo hacía sólo desde el pensamiento y sus libros. Por ejemplo, en 1936 llegó a España para unirse a los anarquistas y pelear en la Guerra Civil contra el franquismo. Lo hizo pese a no tener preparación militar y sí problemas de vista y físicos. Toda su obra, que habla de cultura, religión y ciencia, fue póstuma. En vida, sólo publicó algunas notas en medios de comunicación. La carta que vas a escuchar fue extraída del libro “La condición obrera”, que reflexiona sobre la cuestión filosófica y espiritual de la organización del trabajo. Sin embargo, el texto no habla del trabajo. Acá le responde a una ex alumna que le pregunta sobre el amor, sobre amar, sobre conocer a alguien… Ésta es la reflexión de una mente brillante sobre es verbo tan fácil de decir y tan difícil de explicar. Lee la actriz y docente Julia Funari.

    ***

    En lo que se refiere al amor, no tengo consejos que darle, pero al menos sí advertencias. El amor es algo grave donde a menudo se corre el riesgo de comprometer para siempre no solo la vida propia sino también la de otro ser humano. Incluso se corre el riesgo siempre, a menos que uno de los dos

    convierta al otro en su juguete. Pero en este último caso, que es muy frecuente, el amor es algo odioso. Mire, lo esencial del amor consiste, en suma, en que un ser humano se encuentra con una necesidad vital de otro ser; necesidad recíproca o no, duradera o no, según el caso. Por consiguiente, el problema
    es conciliar semejante necesidad con la libertad, y los hombres se han debatido con este problema desde tiempo inmemorial. Por eso la idea de buscar el amor para ver lo que es, para poner un poco de animación en una vida demasiado monótona, etc... me parece peligrosa y, sobre todo, demasiado pueril. Puedo decirle que cuando yo tenía su edad, y más tarde también, me vino la tentación de conocer el amor. La rechacé diciéndome que era preferible no
    arriesgarme a comprometer toda mi vida en una dirección imprevisible antes de haber alcanzado un grado de madurez que me permitiera saber
    exactamente lo que le pido en general a la vida, lo que espero de ella. No le pongo esto como ejemplo; cada vida se desarrolla según sus propias leyes. Pero puede encontrar en ello materia de reflexión. Añado que el amor me parece comportar un riesgo más espantoso aún que el de comprometer ciegamente la propia existencia. Es el riesgo de convertirse en árbitro de otra existencia humana, en caso de que sea profundamente amado. Mi conclusión (que le doy
    solo a título de indicación) no es que haya que huir del amor, sino que no hay que buscarlo, y sobre todo cuando se es muy joven. Entonces, es preferible no encontrarlo, creo.

    Simone Weil

    7 min
  • Carta de León Tolstói a Sofía Andréievna Tolstaia

    León Tolstói fue uno de esos escritores que quiso contarlo todo. Su vida marcó un capítulo imborrable para la literatura universal. Y sus obras realistas, principalmente “La guerra y la paz” y “Ana Karenina”, cambiaron la forma de leer y de escribir de su época. Y de pensar también. Su anarquismo pacifista inspiró, por ejemplo, a figuras como Mahatma Gandhi y Martin Luther King. Cuando era una celebridad, cuando había logrado lo que algunos llaman éxito, él cayó en una crisis existencial y comenzó a alejarse de su familia. Se convirtió en un asceta, que no bebía alcohol, comía poco -sólo vegetales- y dormía en un catre duro. A los 82 años, decidió dejarlo todo. Abandonó el hogar familiar sin preaviso y con lo puesto, un par de camisas, un abrigo para el frío ruso y una

    linterna. Su hija Sasha fue la única que supo de su partida. Acá va una carta de despedida de un Tolstoi ya enfermo a su esposa Sofía, con quien tenía una
    relación tortuosa. Acá va la ruptura con la familia. Acá un hombre huyendo del mundo. Lee Marcelo Bucossi.

    ***

    Yásnaia Poliana, 28 de Octubre, 1910

    Mi partida te afligirá. Lo lamento, pero compréndelo y créeme que no he podido actuar de otro modo. Mi situación en casa se ha venido haciendo y ha llegado a ser insoportable. Junto a todo lo demás, no puedo seguir viviendo en las condiciones de lujo que me rodean, y hago lo que suelen hacer los viejos de mi edad: apartarse de la vida mundana para vivir en paz y recogimiento los últimos días de su existencia. Por favor, compréndelo y no vayas tras de mi, si aciertas saber dónde estoy. Esa llegada tuya no haría más que empeorar la situación de ambos, sin cambiar en nada mi decisión. Agradezco tu honesta vida de

    48 años a mi lado y te ruego que me perdones por todo lo que haya sido culpable ante ti, lo mismo que yo te perdono con toda el alma por cuanto hayas podido serlo ante mí. Te aconsejo resignarte a la nueva situación en que te coloca mi partida, y no albergar malos sentimientos contra mí. Si quieres informarme de algo, comunícaselo a Sasha, ella sabrá dónde estoy y me reenviará todo lo necesario; decir dónde me encuentro no puede, pues me ha hecho la promesa de no comunicárselo a nadie.

    León Tolstói

    6 min

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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y…