Epistolar

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By Antología de lo íntimoSociety & Culture
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Epistolar episodes

  • Carta de Zenobia Camprubí a Juan Ramón Jiménez

    Escritora. Traductora. Profesora universitaria. Pedagoga. Empresaria. Militante feminista, pionera en su país. Una mujer culta y políglota. Todo eso fue Zenobia Camprubí. Pero la historia, que suele ser escrita por hombres, la recuerda como la esposa, la musa y la sombra de Juan Ramón Jiménez. El escritor español autor de “Platero y yo” y ganador del Nobel de Literatura. En esta carta, Zenobia está en llama viva. Le escribe a su esposo, célebre por su seriedad y por el refinamiento formal a la hora de escribir. Le pide, con gran sarcasmo, que se deje de tristezas por una temporada. “Véngase a jugar con todas mis amigas andaluzas y conmigo”, lo invita. En estas líneas resuena la personalidad y la luz propia de Camprubí. Y, en cierto modo, su compromiso con la emancipación femenina de su época. Lee la actriz Nuria López.

    ***

    Domingo noche, verano de 1913


    Querido amigo Juan Ramón:


    Como me esté un momento más callada estallo, y como no tengo ganas de estallar, aquí va esto, que usted llamará carta, o algo menos chino, pero que yo llamo un rompimiento colosal del dique de mi paciencia y un desbordamiento igualmente colosal de mi ira, indignación, furor, etc. (etcetetorum) (yo me he de reír hasta cuando rabio).

    ¿Por qué está usted siempre con esa cara de alma en pena? ¡Es usted un egoísta de primera! ¡Caramba! No le da la gana de ver más que lástimas en el mundo. Hasta yo me pongo triste… Si a usted lo que le pasa es que necesita salirse de la dichosa rutina cariacontecida de su interior. Yo le voy a curar a usted de raíz, pero de raíz.

    Sálgase de una vez de su cuarto tenebroso (para usted tenebroso, aunque tenga 6 ventanas o un arco voltaico) de la calle Villanueva, y váyase al Escorial, a Moguer y después a la Residencia –pero ¡por Dios enseguida! Y cuando vuelva a Madrid después de haber respirado un poco el aire de campo, yo me encargo de que no le vuelva a dar tristeza. No le voy a dejar parar.

    ¿Para qué le sirven a usted sus benditos versos? Si fuera verdad que encima de un asno le floreciera el corazón… pase… pero si a usted no le florece el corazón nunca. Si fuera usted un almendro, un peral o siquiera un magnolio… pero si es usted un ciprés, más parado y sombrío que los del Generalife.

    Déjese de tristezas una temporada y véngase a jugar con todas mis amigas andaluzas y conmigo. Ya sé que se enfada porque le digo que quiero que se enamore de una de mis amigas, lo desdigo. No se enamore usted de ninguna, pero deje que le sacudamos un poco esa tristeza. Sus amigos deben ser todos una serie de lechuzas o no se lo hubieran tolerado a usted. Yo si fuera su hermana… cuando viniera a casa, cogía todos los cojines de la sala y lo estaba bombardeando hasta hacerlo reír.

    Anoche no pude terminar mi carta y hoy la concluyo en casa de Josefina. Nos vamos a comprar un par de castañuelas para mandárselas a usted. Acabo también de recibir su carta: “Frater Luna, si en esto estamos desde que lo conocí”. Usted se parece tanto a mi hermano mayor que muchas veces no sé cuál es cuál.

    Y ¿quién le ha dicho a usted que yo me voy a casar con nadie, pájaro de mal agüero? ¡En eso estoy yo pensando! ¡Y aquí en España! ¡Enseguida! No se vaya usted con Ortega y Gasset, váyase con Jaen o con cualquiera que no sea otro sauce como usted. Póngase a escribir seguidillas, vístase de torero y plántese en la calle de las Sierpes a echarle piropos a todas las inglesas feas que desfilen por allí.


    ¡Alegrémonos de haber nacido! “Frater Sol.”


    Zenobia

    7 min
  • Carta de Zelmar Michelini a su hija Elisa

    Esta es la historia de un hombre que, como decía Bertolt Brecht, luchó toda la vida y por eso se transformó en alguien imprescindible. Zelmar Michelini fue un político y periodista uruguayo. Escribió en el diario “Acción”, fundó el semanario “Hechos” y trabajó en varias publicaciones de su país y de Argentina.También fue dirigente estudiantil, militante del Partido Colorado y se convirtió en diputado, por primera vez, en 1954. A inicios de los 70, impulsó la creación del Frente Amplio, junto a otros dirigentes, partidos y grupos de izquierda. Era un intento de salida a la crisis social y económica que vivía el Uruguay en esos
    momentos. En 1973, se produjo el Golpe de Estado y Michelini se exilió en Buenos Aires. Desde allí, lejos de abandonar la lucha, comenzó a denunciar las violaciones a los derechos humanos en su país, en Argentina y gritó a viva voz las injusticias en foros internacionales. En 1976, fue secuestrado y asesinado en Buenos Aires por fuerzas represivas binacionales del Plan Cóndor. La historia de Zelmar y de los otros dirigentes asesinados se conmemora en La Marcha del
    Silencio, que se realiza todos los 20 de mayo en Uruguay con un reclamo de verdad y justicia. En esta carta, dedicada a su hija Elisa, aparece un Zelmar brillante, con toda su fuerza argumental. Le habla del sacrificio de las convicciones, de la verdad y le deja el legado de luchar con alegría. Un legado que se puede resumir con una frase: “Que nunca la tristeza se asocie a mi nombre”. Lee Matías Folgar.

    10 min
  • Carta astronómica de Carl Sagan a su hija Sasha

    No es tarea sencilla definir a una personalidad única e irrepetible como Carl Sagan. Astrónomo, astrofísico, escritor y, principalmente, librepensador, fue uno de los grandes divulgadores de la década del 80 y 90. Lo hacía a través de su programa “Cosmos: un viaje personal”, el más visto en la historia de la televisión

    pública estadounidense. Un ciclo tan importante que aún hoy es recordado y sirvió de inspiración a muchos jóvenes, que quisieron ser científicos por esa serie. Fue alguien que, por ejemplo, debatió fuertemente sobre el calentamiento global, sobre la vida en otros planetas y combatió con firmeza a las pseudociencias. La carta que elegimos hoy fue escrita por el científico para su hija Sasha. Es un texto muy breve, en el que le dice de una forma preciosa por qué que cada uno de nosotros es un ser único y precioso desde una perspectiva cósmica. Lee el actor y director Gabriel de Cervantes.

    ***

    Si tenemos en cuenta el número casi infinito de posibilidades y caminos que conducen a nacer a una sola persona, debes estar agradecida de ser tú misma este preciso instante. Piensa en el enorme número de posibles universos alternativos en los que, por ejemplo, tus tatara-tatara-abuelos nunca se encontraron y tú nunca llegaste a existir. Tienes el placer de vivir en un planeta en el que has evolucionado para respirar el aire, beber el agua y adorar el calor de la estrella más cercana. Estás conectada con todas las generaciones y los seres vivos de este mundo a través del ADN. También con el universo, porque cada célula de tu cuerpo fue creada en los corazones de las estrellas.

    5 min
  • Cartas de Jorge Luis Borges a Estela Canto (Lee Jean Pierre Noher)

    Bienvenidos y bienvenidas a la quinta temporada de Epistolar. Estamos muy felices por este reencuentro con nueva música, nueva estética, nuevos artistas y, por supuesto, nuevas cartas que queremos compartir con vos. Pero basta de prólogos. Y vamos al episodio de hoy, que tiene como protagonista no ya a un escritor sino a un prócer de las letras. Se podrían llenar bibliotecas enteras con ensayos sobre la literatura argentina “después de Borges”. O sobre quién es el escritor número dos sabiendo obviamente quién ocupa el lugar de mayor privilegio. Su impronta -y no descubro nada diciendo ésto- es universal y excede

    largamente a los escritores argentinos. Pero el episodio de hoy no quiere hablar del Borges genio sino mostrar a un Borges distinto. Un Borges desarmado y lejos del bronce. Cuando él tenía 45 años y ella 28, conoció a Estela Canto, escritora, periodista y traductora. Una mujer transgresora, muy diferente a él. Cuenta la leyenda que Borges hizo lo que hacen los hombres inteligentes: enamorarse como un tonto. Y que le propuso casamiento. Ella aceptó pero con una condición: que tuvieran sexo antes de la boda. No sabemos cuál fue la respuesta exacta de Borges, pero sí un hecho indiscutible: ellos nunca se casaron. Como elegir sólo una carta de Borges nos parecía una mezquindad, decidimos hacer una selección de misivas de cuatro momentos de ese vínculo. Acá está Borges siendo Borges. Acá está el genio hecho un bobo. Lee el actor Jean Pierre Noher. El collage que ilustra el episodio es de @hijo.del.cosmos.

    *

    Querida Estela: Me dio mucha alegría tu carta, tan parecida a tu voz. Estoy abrumado de tareas que lindan con la literatura: el Séptimo Círculo, la Puerta de

    Marfil (esta enumeración es suficientemente poética, pero en breve decae) y, ahora, los Anales de Buenos Aires, que dirigiré. Esta mañana me vi en Constitución con Patricio, que me prometió algunas notas. Ojalá tú también te dignaras colaborar. La tarea de construir una buena revista es interesante, pero no deja de ser ardua en un Buenos Aires desierto. Mi actividad me escandaliza. Honor al mérito: días pasados alguien cuyo nombre adivinarás habló
    de ti como inevitablemente predestinada a una recompensa literaria y municipal. Trato de escribir con escaso éxito. En las estaciones del subterráneo, una efigie de Dorothy Lamour momentáneamente consigue parecerse a vos. Muy inexistente, pero tuyo

    Jorge Luis Borges.

    *

    Adrogué, sábado.

    A pesar de dos noches y de un minucioso día sin verte (casi lloré al doblar ayer por el Parque Lezama), te escribo con alguna alegría. Le avisé a tu mamá que

    tengo admirables noticias; para mí lo son y espero que lo sean para ti. El lunes hablaremos y tú dirás. Pienso en todo ello y siento una especie de felicidad; luego comprendo que toda felicidad es ilusoria no estando tú a mi lado. Querida Estela: hasta el día de hoy he engendrado fantasmas; unos, mis cuentos, quizá me han ayudado a vivir; otros, mis obsesiones, me han dado muerte. A éstas las venceré, si me ayudas. Mi tono enfático te hará sonreír;
    pienso que lucho por mi honor, por mi vida y (lo que es más) por el amor de Estela Canto. Tuyo con el fervor de siempre y con una
    asombrada valentía, Georgie.

    *

    Estoy en Buenos Aires, te veré esta noche, te veré mañana, sé que seremos felices juntos (felices, deslizándonos y a veces sin palabras y gloriosamente tontos), y ya siento el dolor corporal de estar separado de ti por ríos, por ciudades, por matas de hierba, por circunstancias, por los días y las noches.

    Éstas son, lo prometo, las últimas líneas que me permitiré en este sentido; no volveré a entregarme a la piedad por mí mismo. Querido amor, te amo; te deseo

    toda la dicha; un vasto, complejo y entretejido futuro de felicidad yace ante nosotros. Escribo como algún horrible poeta prosista; no me atrevo a releer esta lamentable tarjeta postal. Estela, Estela Canto, cuando leas esto estaré terminando el cuento que te prometí, el primero de una larga serie. Tuyo.

    10 min
  • Carta de Yoko Ono a John Lennon en el 27 aniversario de su asesinato

    Con este episodio, terminamos la cuarta temporada de Epistolar. Seguí nuestras redes sociales para conocer las novedades y cuándo será el inicio de la próxima temporada. 

    El hecho es uno de los más terribles de la historia del rock y de la música en general. Algo que enlutó a millones de fans en todo el mundo. El 8 de diciembre de 1980, un hombre llamado Mark David Chapman mató a John Lennon cuando salía del edificio Dakota de Nueva York. Se acercó al músico, que estaba junto a Yoko Ono, y le pidió que le firmara un disco. Luego, sacó su arma calibre 38 y disparó cinco tiros contra el músico. Tiempo después dijo que lo hizo porque quería convertirse en una celebridad.

    En esta carta, Yoko le escribe a John a 27 años del asesinato. La artista japonesa, injustamente demonizada como la bruja que separó a Los Beatles, le dice cuanto lo extraña, repasa la vida juntos y cuenta cómo aprendió a lidiar con el dolor de perderlo de repente, sin tiempo para un último abrazo. Lee la actriz Marina Avilés.

    ***

    Te extraño, John. 27 años han pasado y todavía deseo poder regresar el tiempo hasta aquel verano de 1980.

    Recuerdo todo, compartiendo nuestro café matutino, caminando juntos en el parque en un hermoso día y ver tu mano tomando la mía que me aseguraba que no debía preocuparme de nada porque nuestra vida era buena.

    No tenía idea de que la vida estaba a punto de enseñarme la lección más dura de todas. Aprendí el intenso dolor de perder a un ser amado de repente, sin previo aviso, y sin tener el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir “te amo” por última vez.

    El dolor y la conmoción de perderte tan de repente está conmigo cada momento de cada día.

    Cuando toqué el lado de John en nuestra cama la noche del 8 de diciembre de 1980, me di cuenta que seguía tibio. Ese momento ha quedado conmigo en los últimos 27 años y seguirá conmigo por siempre.

    Yoko Ono

    5 min
  • Carta de Akira Kurosawa a Ingmar Bergman

    Esta carta tiene como protagonistas a dos grandes del cine. Dos artistas a los que el mote de genio no les queda para nada grande. Me refiero a Ingmar Bergman y Akira Kurosawa. Poco antes de cumplir los 70 años, el sueco publicó el libro de memorias “Linterna mágica”. En esas páginas decía, entre otras cosas, que “probablemente lamentaría el hecho de no hacer más películas”.

    El director japonés aprovechó esa oportunidad para saludarlo por su cumpleaños con esta carta y expresarle toda su admiración. Y hace una reflexión profunda sobre la creación artística y la vejez. Por supuesto, también le sugiere que siga trabajando por el bien del cine. Por suerte, Bergman cambió de opinión después de aquella sentencia en su libro y dirigió “Saraband”, su última película. Lee el actor Enrique Chi.

    ***

    Estimado Sr. Bergman:

    Por favor, permítame felicitarlo en su septuagésimo cumpleaños.

    Su trabajo toca mi corazón profundamente cada vez que lo veo y he aprendido mucho de sus obras y han sido alentadoras. Le deseo que permanezca en buen estado de salud para que pueda crear más películas maravillosas para nosotros.

    En Japón, había un gran artista llamado Tessai Tomioka que vivió en la era Meiji (finales del siglo XIX). Este artista pintó varios cuadros excelentes mientras todavía era joven, y cuando llegó a la edad de 80 años, de repente comenzó a pintar cuadros que eran muy superiores a los anteriores, como si estuviera en su gran etapa de florecimiento. Cada vez que veo sus pinturas, me doy cuenta perfectamente que un ser humano no es capaz de crear obras extraordinarias hasta que llega a los 80.

    Un ser humano nace como bebé, se convierte en un niño, pasa por la juventud, la flor de la vida y, finalmente, vuelve a ser un bebé antes que termine su vida. Esta es, en mi opinión, la forma ideal de la vida. Yo creo que estaría de acuerdo en que un ser humano llega a ser capaz de producir obras puras, sin restricción alguna, en los días de su segunda infancia. Ahora tengo setenta y siete  años de edad y estoy convencido que mi verdadero trabajo apenas comienza.

    Mantengámonos juntos por el bien de las películas.

    Con los más cordiales saludos,

    Akira Kurosawa.

    5 min
  • Carta de Hannah Arendt a Martin Heidegger (Lee Alexia Moyano)

    Martin Heidegger y Hannah Arendt se conocieron a inicios de la década del 20. Él tenía 35 años y estaba casado. Ella 17. Fue un romance intenso -y a escondidas- de profesor y alumna. Él filosófo. Quizás el más importante del Siglo XX, alguien que marcó un giro en el pensamiento filofósico.  Ella escritora y teórica política.

    Aunque estuvieron juntos sólo un par de años, hubo algo que se mantuvo casi inalterable en el vínculo: la tradición del carteo. Comenzaron a escribirse poco tiempo después de conocerse y el intercambio se extendió hasta 1975, algunos meses antes de la muerte de él.

    En esta carta, Arendt le habla de amor. Del que tuvieron, de las huellas que dejó en ella y se hace preguntas sobre el misterio de amar a alguien, de descubrir el quién, dice ella. Lee la actriz Alexia Moyano.

    ***

    No me olvides, ni olvides hasta qué punto sé viva y profundamente que nuestro amor se ha convertido en la bendición de mi vida. Es una certeza inquebrantable, incluso hoy, en que yo, que no sabía estar quieta, he encontrado arraigo y pertenencia junto a un hombre que quizás sea de quien menos lo hubieras esperado...Porque el amor, aunque es uno de los hechos más raros en la vida humana, posee un inigualado poder de autorrevelación y una inigualada claridad de visión para descubrir el quién, debido precisamente a su desinterés (…) por lo que sea la persona amada, con sus virtudes y defectos no menos que con sus logros, fracasos y transgresiones. Es que sí, es cierto, nos descubrimos cuando amamos.

    Hannah Arendt

    5 min
  • Carta de Guadalupe Nettel a su papá


    Acá va una breve colección de preguntas sin respuestas, quizás preguntas inútiles, de esas que nos hacemos cada tanto. ¿Cómo hacer para superar el dolor de perder a un ser amado? ¿De qué manera se clausura esa herida? ¿Acaso es necesario cerrarla? Quizás pensó en esas cosas la escritora mexicana Guadalupe Nettel cuando hizo esta carta dedicada a su papá.
    En algún artículo, dijo que era un hombre amoroso y divertido, alguien capaz de estallar en cólera y de serenarse a pocos minutos. Y que a él le debe todo el humor negro de sus libros. En alguna ocasión, su papá le prometió que, si había vida después de la muerte, se lo haría saber. Nettel le escribe esta carta a su papá luego de que sucedió lo inevitable. Quizás lo hizo como un intento de acercarse a él. Quizás para excorsizar el dolor. O, por ahí, como una forma de esperar esa señal prometida. Lee la actriz Liliana Paola.
    ****
    Querido papá:
    MUCHAS VECES me prometiste que, si había vida después de la muerte, encontrarías la manera de contármelo o al menos de darme una señal. Hay quienes creen que los muertos se comunican con nosotros a través de los sueños. Desde que no estás, he soñado contigo muy pocas veces. Dos para ser exacta, y en ambos casos volví a vivir tus exequias. La ausencia es tan brutal y tan enorme mi esfuerzo por comprenderla que ni siquiera me permito soñar que sigues vivo. En cambio despierto casi a diario, sobresaltada a mitad de la noche, con la conciencia de que no estás, de que jamás volveré a disfrutar de tu compañía, de que es algo irremediable y que más me vale asumirlo por completo. La soledad, a diferencia de otras veces en que la sentía lacerante y también un poco vergonzosa, se ha convertido para mí en un bálsamo necesario, en un espacio imprescindible, como la oscuridad para las personas que sufren de migrañas.
    Herencia no dejaste, pero sí una cartografía de valores que me han permitido orientarme: el placer de aprender y descubrir cosas nuevas, la gratitud, la generosidad y el humor como refugio hasta en las peores tragedias. No se me olvidará nunca cómo le espetaste al médico, mientras te mostraba el tumor letal en tu radiografía, que te encontrabas muy flaco en esa foto. Gracias a ti conocí el cariño incondicional, la certeza de que alguien me quiso siempre, sin importar cuáles fueran mis actos, y con eso no intento decir que hayas sido indulgente. Cuando te parecía que me estaba equivocando, jamás titubeaste al decírmelo. Te preocupaba que aprendiera a temperar mi carácter, a ser cuidadosa con el filo de mi lengua –asegurabas que somos dueños de las palabras que nunca pronunciamos y esclavos de las que ya hemos dicho–, a ser dócil en las cosas sin demasiada importancia e intransigente en las fundamentales. A lo largo de los años te vi trastabillar a menudo y descalabrarte más de una vez. Luego, invertiste todos tus recursos en suavizar tus reacciones, y tu vida se volvió mucho más llevadera. Con tu ejemplo, me enseñaste que los errores permiten descubrir la fuerza y la belleza propias y ajenas.
    Desde el primer día transcurrido sin ti, siento el acecho del olvido como una sustancia corrosiva que amenaza con deslavar nuestra historia. Su objetivo, nada despreciable, es impedirme sufrir. Sin embargo, como advertía Céline, “la peor derrota en todo es olvidar y es, también, lo que nos lleva a la tumba”. Yo he sufrido muchas derrotas a lo largo de mi vida de las cuales me ha costado reponerme. No encajaré ésta también. Aunque tampoco tengo la certeza de que puedas escucharme, te escribo con frecuencia. Hacerlo es ir en contra del proceso natural de cicatrización que todo el mundo me desea y me vaticina, pero que yo no persigo. Una cicatriz es un cierre, un límite, un borde de piel doble o triplemente espeso para clausurar una herida, para impedir que sigamos sangrando. Recordar sistemáticamente, en cambio, es mirar de cerca cada célula del tejido dañado, no perderlo de vista. No quiero una cicatriz que lleve tu nombre. El dolor me
    9 min
  • Carta de Juana Manso a las maestras


    Esta carta fue escrita por una mujer necesaria. Juana Manso fue muchas cosas. Escritora, traductora, periodista, maestra y precursora del feminismo en la Argentina.
    Nació en Buenos Aires en una familia de clase media alta en 1819. Vivió en Uruguay y Brasil. Fue forjando, con el tiempo, la idea de que la educación era clave para la emancipación de la mujer. Y la historia la recuerda como una libre pensadora, una mente brillante que luchó por construir una educación pública, popular, moderna y laica en la Argentina.
    Introdujo nuevos métodos de enseñanza, que eran revolucionarios para la época. Por ejemplo, fue la impulsora de la enseñanza del inglés en las escuelas públicas y promovió los concursos por méritos y antecedentes en todos los niveles. Y quiso igualar la inclusión educativa de niñas, adolescentes y mujeres. Además, dirigió Anales de la Educación Común, la revista pedagógica más importante de la época, en la que buscaba revalorizar la formación docente, especialmente la de las maestras jardineras.
    Esta es una carta abierta dirigida a sus colegas, en la que Juana Manso va a las cuestiones medulares del asunto. Se pregunta -y les pregunta a las maestras- cuestiones profundas, como qué es educar, qué rol tiene el juego en la vida de los niños y cómo formarse en una profesión que, en esos años, no tenía manuales. Carta de Juana Manso. Carta de una personalidad inquieta y libre, que nació hace más de 200 años. Pero sigue haciendo escuela. Lee la actriz Mónica Ceballo.
    ***
    Señoras y señoritas:
    Hoy vamos por vez primera a darnos cuenta a nosotras mismas del grande objeto que nos reune aquí. Vamos a preguntarnos qué entendemos por educación, qué por instrucción, cuál es nuestra misión como maestras y como mujeres. Y trataremos de averiguar a qué distancia estamos del error y a cuál de la verdad.
    Preguntémonos pues, ¿qué es la educación? Sin la concepción clara de lo que ella significa, sin el ideal perfecto de sus tendencias y medios de acción, el maestro procederá a tientas. No se dará cuenta del objeto que se propone alcanzar. Hoy será frívolo y mañana severo, sin clara noción de lo que pretende realizar. En vez de una obra de bendición habrá estropeado millares de almas para toda una eternidad.
    Educación pues, no según mi capricho o pobre capacidad sino según la definen los maestros de la ciencia, es fortificar el cuerpo desde la más tierna edad según las leyes de la salud para que pueda resistir a las enfermedades. Educación es preparar la mente para comprender las relaciones de la sociedad; atraer a una manifestacion activa todas las facultades con que ha sido dotada para que obre en el conjunto armónico de la acción y adquirir conocimientos útiles. Educación es robustecer la naturaleza moral donde reside el sentimiento del deber, que debe reglamentar nuestra conducta honorablemente en la vida privada como en la vida pública.
    Para llenar cumplidamente este objetivo, no basta que las maestras tengan sólo buen corazón porque suponer eso equivaldria a negar que la educación es una ciencia cayendo en el antiguo obscurantismo. El pensamiento que preocupa hoy no es tan solo la cantidad de instrucción que se puede derramar en los niños sino el mejor método y los medios más eficaces para vigorizar sus facultades de manera que puedan adquirir por sí mismos el caudal de los conocimientos.
    Cuál de nosotras no ha repetido cien veces al día en su escuela: “Que el niño no juegue”. Tan lógico habría sido decirle: “Que el niño no respire” Porque el juego es para él la vida. Prohibir al niño que juegue es violentar la naturaleza, mientras que aprovechar su propensión al juego haciendo de éste un medio de educación y de instruccion es la verdadera sabiduría y motor de la disciplina escolar porque la ocupación continua y agradable es el mejor antídoto contra la ociosa turbulencia.
    Si a expensas de la mente, se cuida solo del cuerpo es claro que la civilizacion naufraga. Y si dejamos el corazón sin cultivo moral,
    11 min
  • Carta de Diego Armando Maradona (Lee Juan Palomino)

    El 76% de los Argentinos se declara católico, según una encuesta reciente. Hay un 11% de ateos y agnósticos, y el resto son evangélicos y Testigos de Jehová, entre otros. Pero los que nacimos en esta tierra tenemos un Santo Laico. Alguien que después de muerto adquirió la categoría de súper Dios: Diego Armando Maradona. Pelusa, Barrilete Cósmico, el Diez, el Diego, Diegote, hasta Dios lo llamaban y lo siguen llamando al jugador más genial que dio el deporte más hermoso del mundo. La carta que elegimos para este episodio es una de las pocas que escribió o, al menos, que se hicieron públicas, y reedita uno de los tantos vínculos de amor-odio que tuvo Maradona a lo largo de su vida, en este caso, con Julio Grondona. Año 2014. Se jugaba el partido entre Argentina e Irán en el Mundial de Brasil. En la platea preferencial estaban Diego y el mandamás de la Asociación de Fútbol Argentino. Cuando faltaban pocos minutos para el final y el partido iba 0 a 0, Maradona se retiró del estadio para evitar el asedio del público. Apenas se fue, justo en el minuto 90, Messi marcó el único gol que le dio el triunfo a la Argentina. Exaltado, Grondona gritó a los 4 vientos: "Se fue el mufa y ganamos".  Las palabras, obvio, llegaron a los oídos de Maradona que le respondió con esta carta en su programa de televisión "De Zurda". Carta de Diego, carta de nuestro dios pagano y plebeyo. Lee el actor Juan Palomino.

    ******

    Río de Janeiro, 22 de junio de 2014.

    El día que jugué mi partido despedida dije que la pelota no se mancha. Hoy lo sigo pensando. No por haber dejado de jugar al fútbol dejé de ser un futbolista. Los muchachos que salen a la cancha representando al seleccionado Argentino no son 11 desconocidos para mí. Al contrario son mis amigos, son mis hermanos, y quienes me conocieron bien lo saben.

    Por mi país, por mi familia, por mis amigos, doy la vida. Jamás les desearía una desgracia. Hay que ser muy perverso para afirmarlo.

    Dí, doy y daré la vida por el seleccionado Argentino. Dentro y fuera de la cancha. Tobillos hinchados, uñas descarnadas, lágrimas de alegrías y tristezas deportivas son los trofeos que alzo en mis brazos, porque el talento tampoco se mancha. La magia de un tipo como Lionel Messi es indiscutible y no es producto de una mufa, no es producto de la suerte, porque si hablamos de suerte yo soy un tipo afortunado. Siento cada día el cariño de la gente; la misma gente que me quiso como jugador y hoy me sigue queriendo. Lo veo en cada foto, en cada firma, en cada cancha donde se corea mi nombre, en cada carta que llega al programa "De Zurda", en cada abrazo que recibo en cualquier rincón del planeta. Estamos construyendo una nueva américa latina al revés de los poderes que manipulan el mundo. Ellos no nos borran la sonrisa del rostro. Ellos no nos quitan la alegría de celebrar un mundial que está siendo hermoso ni que la buena suerte de nuestro pueblo no es fruto del azar. La pelota no se mancha, aunque algunos se la quieren comer.

    Diego Armando Maradona.

    6 min

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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y…