
Sign up to save your podcasts
Or


Esta es la historia de una mujer valiente y talentosa en una época en la que las mujeres no podían salirse del libreto. Los tucumanos dicen que es tucumana. Y los salteños juran lo propio en una disputa tan estéril como las fronteras y los límites entre provincias. Lo cierto es que Dolores Candelaria Mora Vega nació un 17 de noviembre de 1866. Tomó clases de dibujo y pintura con el italiano Santiago Falcucci, de quien aprendió las técnicas del neoclasicismo y el romanticismo europeo. A partir de ahí, se hizo famosa en Tucumán retratando a las personalidades de la clase alta de esa provincia. Viajó a Buenos Aires, donde recibió una beca para perfeccionar sus estudios en Europa. Se instaló en Roma y tuvo como maestro a Giulio Monteverde, a quienes algunos llamaban el “nuevo Miguel Ángel”. Fue él quien le recomendó dedicarse a la escultura y abandonó la pintura para siempre. Ya de regreso en Argentina, Lola Mora era una celebridad. Tucumán le encargó la estatua de uno de sus personajes más célebres: Juan Bautista Alberdi. Al tiempo, ella ofreció al gobierno de Buenos Aires la que iba a ser su obra más famosa: “La Fuente de las Nereidas” para colocarla en la Plaza de Mayo. La fuente, hecha en mármol blanco de carrara, representa a las nereidas asistiendo al nacimiento de la diosa Venus. Cuando las señoras bien de Buenos Aires descubrieron esas estatuas bellísimas, pero desnudas, pegaron el grito en el cielo. Estalló el escándalo porque creían inapropiado que se exhibieran esos muslos desnudos justo al frente de la Catedral. Lola Mora les contestó con esta carta abierta que ahora vas a escuchar. Hoy en día, la Fuente de las Nereidas se puede ver, pero en la Costanera Sur de la ciudad, donde fue llevada por pedido de aquellas señoras. Lee la actriz Julieta Teruel.
***
No pretendo descender al terreno de la polémica; tampoco intento entrar en discusión con ese enemigo invisible y poderoso que es la maledicencia. Pero lamento profundamente que el espíritu de cierta gente, la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura que haya podido crear Dios (…)
Cada uno ve en una obra de arte lo que de antemano está en su espíritu; el ángel o el demonio están siempre combatiendo en la mirada del hombre. Yo no he cruzado el océano con el objeto de ofender el pudor de mi pueblo (…)
Lamento profundamente lo que está ocurriendo pero no advierto en estas expresiones de repudio –llamémoslo de alguna manera- la voz pura y noble de este pueblo. Y esa es la que me interesaría oír; de él espero el postrer fallo.
Lola Mora
Ingeborg Bachmann y Paul Celan fueron dos de los poetas en lengua alemana más notables de la segunda mitad del siglo XX. Tuvieron una relación amorosa, intelectual y epistolar. Se mandaron cartas durante más de 15 años y buena parte de esos textos están en un libro, que recomendamos ampliamente, llamado “Tiempo del corazón”.
En esas casi 200 cartas, aparecen sus preocupaciones históricas sobre la Europa de la segunda posguerra, el desasosiego y los temores después de los campos de concentración. Para este episodio elegimos una carta con espíritu de encuentro. Ella le dice que quiere verlo en París. Que quiere caminar al borde del Sena tomados de la mano. “Para mí eres desierto y mar y todo lo que es misterio”, le confiesa la poeta. Lee la actriz María Fiorentino.
***
Viena, 24 de junio de 1949.
Querido:
Porque ni lo pensé, hoy, el día anterior –el año pasado también fue así–, llegó tu postal, en vuelo directo a mi corazón, sí, es así, te quiero, en aquel entonces jamás lo dije. He vuelto a sentir la amapola, profunda, muy profundamente, tu magia ha sido tan maravillosa, jamás podré olvidarlo.
A veces lo único que quisiera es irme y llegar a París, sentir que tocas mis manos, que me tocas entera con flores, y después otra vez no saber de dónde vienes y adónde vas. Para mí eres de la India, o de un país aun más lejano, oscuro, marrón; para mí eres desierto y mar y todo lo que es misterio. Sigo sin saber nada de ti y por eso muchas veces tengo miedo por ti, no puedo imaginarme que tú debas hacer lo que los otros hacemos aquí, yo debería tener un castillo para nosotros y traerte
conmigo, para que puedas ser allí mi señor encantado, tendremos muchas alfombras allí y música, e inventaremos el amor.
He estado pensando mucho. “Corona” es tu poema más bello, es la anticipación perfecta de un instante donde todo se vuelve mármol y es para siempre. Pero para mí aquí no será “tiempo”. Tengo hambre de algo que no me darán, todo es chato y flojo, está cansado y gastado antes del uso.
Para mediados de agosto quiero estar en París, un par de días solamente. No me preguntes por qué, para qué, pero quiero que estés para mí, una noche o dos, tres... Llévame al Sena, vamos a mirar y mirar bien adentro hasta que nos hayamos vuelto pececitos y nos reconozcamos.
Ingeborg
En Epistolar publicamos muchas cartas contemporáneas, de personajes que son fácilmente identificables por todos. Pero también nos gustan las históricas, de un pasado que, de alguna forma, conversa con este nuestro presente.
La carta de hoy tiene poco más de 350 años. En 1669, apareció en París un pequeño libro llamado “Cartas portuguesas”, que contenía cinco misivas atribuidas a una mujer llamada Mariana Alcoforado.
Cuando era apenas una adolescente, ella se convirtió en monja de clausura por deseo de su padre. Un día, se enamoró del conde Noël Bouton de Chamilly al verlo desfilar a caballo. Incluso el hermano de la religiosa facilitó el encuentro.
La historia de amor no dejó demasiada tela para cortar. Al menos no para el soldado francés. El conde la sedujo, la enamoró y, sin demasiado aviso, partió a Francia. Pero por suerte quedan las cartas. Los textos se convirtieron en un documento imperecedero de ese amor ilícito, de ese fuego que salía del encierro... Y tuvieron tanto éxito que llegaron a influir en autores como Stendhal y se convirtieron en modelo para manifiestos feministas..
Acá va una carta pionera. Un auténtico brevario del amor. Lee la actriz, guionista y productora Natalie Smith.
***
Oh! ¡Pobre de mí! ¡Soy digna de lástima por no poder compartir mis penas contigo y verme sola, completamente sola, ante tanta desventura!
Este pensamiento me mata y muero de terror de pensar que jamás hayas gozado lo suficiente de nuestros placeres. Ahora sí conozco la falsedad de tus sentimientos. Me engañaste cada vez que me dijiste que tu mayor placer era estar a solas conmigo. Debo sólo a mis impertinencias tus desvelos y arrebatos.
A sangre fría te hiciste el propósito de iniciar este incendio en que me abrasaste toda. No consideraste mi pasión sino como una victoria, sin que jamás tu corazón hubiera sido conmovido entrañablemente.
¿Serás tan infame y tan indelicado, como para nunca haber sabido gozar de mis éxtasis? ¿Y cómo es posible, si no fuese así, que con tanto amor no hubiera podido hacerte completamente feliz?
Lloro sólo por el amor que te tengo, las delicias infinitas que has perdido... ¿Por qué fatalidad no quisiste disfrutarlas? ¡Ah! Sí conocieses esas delicias, hallarías, sin duda, que son más que la satisfacción de haberme engañado. Te habrías dado cuenta de que somos más felices y más tiernos amando ardientemente… que siendo amados.
Bienvenidos y bienvenidas a la cuarta temporada de Epistolar. Y al episodio 126 desde el inicio de este proyecto. Estamos muy contentos por reencontrarnos con ustedes y por seguir compartiendo el amor por las cartas. La melodía que escuchaste en la presentación fue compuesta por José Ferrufino. Y los intérpretes son Noelia Antelo en violín y el mismo José en guitarra. Desde Kafka a Juan Rulfo, la complejidad del vínculo padre e hijo dio páginas maravillosas en la historia de la literatura. El episodio de hoy nace por el amor a un libro que habla, justamente, del vínculo de un chico con su adorable padre. “El olvido que seremos” fue escrito por el colombiano Héctor Abad Faciolince como una biografía novelada de su familia, de la violencia en Colombia y, por supuesto, del amor infinito por su papá, el médico y activista Héctor Abad Gómez. En las páginas finales de ese libro, el autor cuenta que cuando era joven estudió en Italia. Estaba deprimido, quería dejar la carrera e incluso insinuó que le pesaba la vida. Su papá le contestó esta carta que vas a escuchar ahora. Un texto luminoso, lleno de confianza y de fuerza. Y, por supuesto, lleno del amor gratuito de un padre a su hijo. Lee el actor Phánor Terán.
Llegamos al episodio 125 desde el inicio de este podcast y el último de la tercera temporada de Epistolar. Queremos darte las gracias por estar ahí. Estamos muy felices porque cada vez somos más. En nuestras redes te contaremos las novedades y cuándo saldrá la cuarta temporada. Pero ahora vamos a lo que más nos gusta: las cartas.
Mary Wollstonecraft fue escritora y filósofa. Nació en Londres en 1759. Es importante hacerse a la idea de la época para dimensionar su valentía. En 1792, escribió una obra fundamental para la historia del feminismo llamada “Vindicación de los derechos de la mujer”, lo que la convirtió en una escritora profesional, un rareza para la época. En esas páginas, decía que si la mujer era menos hábil en los quehaceres políticos era, simplemente, porque no se le permitía acceder a la educación con igualdad de condiciones que los hombres. Proclamaba la necesidad de una educación mixta. Y criticaba duramente al matrimonio. Decía que era un mero contrato de compra por parte del hombre por la falta de igualdad de los sexos.
Ella misma se casó dos veces. Al terminar su primer matrimonio, su situación económica era desesperante. Tiempo después, un conocido se acercó para darle un consejo. Le sugirió casarse de nuevo porque sólo de esa manera podría recuperar la respetabilidad social. Esta carta es la respuesta indignada y brillante de la pionera del feminismo. Lee la actriz Victoria Lerario.
******
Señor: Es contrario a mi naturaleza cuidar mis palabras, por lo tanto voy a decirle clara y directamente lo que pienso.
Soy una mujer pobre y carezco de medios, aún así mi espíritu jamás se doblegará o tomará caminos indirectos para llegar a resultados que desprecio. Más aún, si para sobrevivir me viera obligada a actuar en contra de mis principios, le aseguro que la batalla terminaría pronto. Puedo soportarlo todo, excepto el menosprecio para conmigo misma. En pocas palabras, lo que es insultante es la suposición de que, aun por un instante, yo haya podido pensar en prostituirme para que un marido me mantenga, ya que ésa es la manera en que considero l conveniente casamiento que Usted propone. Yo, señor, considero al bien y al mal en abstracto y nunca las palabras o las opiniones de otros me protegerán de los reproches de mi corazón o de mi propio discernimiento.
No necesito agregar más. Discúlpeme si le digo que no quiero volver a ver a alguien que ha confundido tanto acerca de mi forma de ser.
Soy pobre, aún así puedo vivir sin sus generosos ofrecimientos
Mary Wollstonecraft.
Ella era El Gorrión de París. Una de las voces más extraordinarias de la chanson. Él tenía los mejores puños de Francia. Campeón mundial de los mediados. Y juntos protagonizaron una historia de amor intensa, que sólo el destino pudo separar.
Edith Piaf y Marcel Cerdán se conocieron cuando la Segunda Guerra Mundial apenas terminaba. En ese entonces, él estaba casado y tenía tres hijos. Comenzaron un romance, que primero fue a escondidas y luego a los cuatro vientos. Ella lo adoraba. Era para el boxeador una suerte de ángel, que lo alentaba en cada una de sus peleas. Él decía de sí mismo: “Soy un boxeador bruto y afortunado de tener el amor de semejante mujer”.
El amor estuvo marcado por las distancias y los viajes de dos celebridades. El 27 de octubre de 1949, Cerdan tomó un vuelo de París a Nueva York. Debía entrenarse para el combate con Jake LaMotta, pero también lo hacía para encontrarse con ella, que estaba realizando presentaciones en EEUU. Algunos días antes, ella le había pedido que cambiara el pasaje de barco por uno de avión. Quería que pasaran más tiempo juntos.
El avión en el que viajaba Cerdan se estrelló en una isla portuguesa, poco tiempo después de partir. Edith Piaf tuvo luego otros amores, pero nunca más se recuperó de esa pérdida. Luego su vida se fue hundiendo en el pozo de la droga, el alcohol y la depresión. En esta carta, la cantante le expresa todo su amor, sus miedos de perderlo y sus deseos desesperados de estar con él. “Te amo irracionalmente, anormalmente, locamente”, le confiesa. Lee la actriz Viviana Saccone.
******
Cheri, Cheri...
Tengo tantas cosas para decirte y después todo, todo se precipita y me doy cuenta que cada vez que termino una carta, había todavía mil cosas para escribir y que otra vez es demasiado tarde. La única frase que no me olvido jamás es que te amo cada día más... es que estoy completamente loca por vos. Es verdad mi adorado, cada vez me acostumbro menos a nuestras separaciones y mi corazón se desgarra cada vez un poco más. Te quiero tan profundamente, tan fuerte en mi, estoy impregnada de vos que solo tengo una idea: hacerte feliz.
Sería capaz de todo por tu felicidad. Si vos supieras las ideas que me atraviesan la mente, tengo tanto miedo que te apenes por culpa mía, no quiero ser una traba para tu corazón. Cuando me doy cuenta, mi amor el lugar que ocupan en tu corazón tus tres pequeños, tengo ganas de partir muy lejos... que... tal vez me estarás agradecido de que lo haya hecho. Tu vida está construida sobre cosas que has querido...que hay veces... tengo miedos atroces.
Oh Chéri, Dios es testigo que en esta historia no pido nada y que estoy preparada para sacrificar todo. ¿Pero hasta cuando podremos vivir así? ¿Una carta, un teléfono, una estúpida coincidencia puede traicionarnos y entonces? ¿Qué será de nosotros? ¿Cuál será la reacción? ¿Pensaste en esas cosas?
¡No quiero que un día me guardes rencor por lo que pueda pasar! Esto se vuelve cada vez más difícil para nosotros y mi corazón tiembla cada minuto! quiero que pienses en nosotros más fríamente, que mires bien en el fondo de vos y saber también las responsabilidades a enfrentar por si acaso..!
(.....) Como estas? Yo estoy preocupada, me haces temblar todo el tiempo. ¿Puede ser en América ? vamos finalmente a ser felices. Chéri, te amo tanto, no podes saber a qué punto, haría cualquier cosa en el mundo por vos. Me arrojo en tus brazos que me encantan, te pertenezco pequeño adorado que amo. Yo te amo irracionalmente, anormalmente, locamente, y nada puedo hacer para evitarlo. La culpa es tuya, eres magnífico. Abrázame con el pensamiento entre tus brazos, impídeme respirar y piensa que nada cuenta en el mundo aparte de tú y yo, te lo juro por mi voz, mi vida, mis ojos.
Federico García Lorca es uno de los poetas más importantes de habla hispana. Y una de las 114 mil víctimas de desaparición forzosa que dejó el franquismo. En su caso, por sus ideas libertarias y su homosexualidad. En 1936, poco tiempo antes de su fusilamiento, se enamoró perdidamente de Juan Ramírez de Lucas, un actor y estudiante 19 años menor que él, al que cariñosamente llamaba “Juanito”.
Ambos habían recibido una invitación de la actriz Margarita Xirgu para viajar a México. Estaban muy entusiasmados. Lorca por conocer ese país. Y Juanito por desarrollar su carrera de actor. Pero el padre del joven se negaba y sin su aprobación no podía viajar. En esta carta, Lorca lo consuela y le expresa su amor como sólo él puede escribir. “Te quiero dar agua para tu fuego, flores para tu quemadura”, le dice con honda belleza. Lee el actor y director Juan Andrés Romanazzi.
******
Mi querido Juanito:
He recibido tu carta que aunque triste me ha dado alegría por tener noticias tuyas.
Lo primero que se me ocurre es decirte que como tienes talento debes llevar con talento el enojoso asunto de tu padre. Tu padre no es de tu generación y es lo más natural, no solo el que no te entienda, sino que piense todo lo contrario que tú. Lleva años y años aferrado a unas ideas y a unas normas que te son antagónicas y es natural que choque contigo. Una persona que no tuviera luces, te daría leña para tu fuego; yo te quiero dar agua para tu fuego, flores para tu quemadura. Juan: yo te pido por Dios que sobrelleves a tu padre y le hagas comprender con dulzura y silencio que está equivocado contigo. Si algún canalla o inconsciente le ha contado calumnias tuyas, tú debes hacerle comprender que son calumnias, pero no adoptes actitudes airadas en contra suya. Adopta un aire de gran dignidad hasta que él salga de su ofuscación.
Y desde luego ten fe en ti, nada de desmayos, ten fuerza hijo mío y lee y estudia y piensa que esa tormenta que estás pasando solo servirá para enriquecer tu espíritu. En tu carta hay cosas que no debes, que no puedes pensar. Tú vales mucho y tienes que tener tu recompensa. Piensa en lo que puedas hacer y comunícamelo enseguida para ayudarte en lo que sea. Pero obra con cautela. Estoy muy preocupado contigo pero como te conozco sé que vencerás todas las dificultades porque te sobra energía, gracia y alegría, como decimos los flamencos para parar un tren.
Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón.
Solo tengo una obsesión y es que quisiera meterte en la cabeza la actitud que debes guardar, llena de fuerza y de astucia para contrarrestar la actitud equivocada de tu padre que tú tienes que encauzar con talento y hombría y respeto.
Conmigo cuentas siempre. Yo soy tu mejor amigo y que te pide que seas político y no dejes que el río te lleve. Juan: Es preciso que vuelvas a reír. A mi me han pasado también cosas gordas por no decir terribles y las he toreado con gracia. No te dejes llevar de la tristeza. Tienes muchas cosas y el mundo aunque nos viera es hermoso.
Bien sabes lo mucho que yo te quiero y por eso te aconsejo prudencia y bien hacer.
No vuelvas a desesperarte. Es de gente débil y tú debes recordar en todo momento que eres un verdadero hombre. Dime todos tus proyectos.
Yo empiezo ahora a trabajar de nuevo y tengo un espíritu caluroso en buena disposición para aconsejarte.
Muchos recuerdos a “tus hijos te formaron” y tú recibe un abrazo cariñoso de este gordinflón poético que tanto te quiere.
Federico
Estoy en mi huerta. El día 18 es día de mi Santo.
Escríbeme enseguida y ¡por Dios! que estés más contento kiquiriquí.
Si tuviese que ponerle un título a este episodio, usaría el nombre de una vieja película francesa. Se llama “Preparen sus pañuelos”. La carta de hoy, querida comunidad de Epistolar, es un viaje al centro del dolor. Pero en este espacio que tanto queremos y disfrutamos nunca esquivamos la tristeza. Nuestro podcast está lleno de cartas que celebran la vida y el amor. Hoy no es el caso.
Francisco Umbral fue un notable periodista y escritor español. En 1959, se casó con la fotógrafa María España. Nueve años después, nació el pequeño Francisco, al que llamaban cariñosamente “Pincho”. El niño murió a los seis años de leucemia. El inicio de la enfermedad llevó a Umbral a escribir “Mortal y Rosa”, su libro más personal, quizás su libro más bello, quizás un intento por convertir en palabras el dolor inenarrable. En un fragmento de ese libro sin género literario, que acá recomendamos largamente, le escribe una carta a su mujer. Una carta que no quiere mandar. Una carta, según decía, para “enterrar entre mis papeles, para que no la leas nunca”. Damas y caballeros, preparen sus pañuelos. Escribe Umbral. El dolor muta en poesía. Lee el actor y director Coan Gómez.
****
Desde aquellas tardes, recuerda, en que la pequeña ciudad conducía sus ocasos a una apoteosis mediocre, hasta la luz de esta tarde, luz de agua y más allá, hemos venido fraguando un hijo para la muerte, algo tembloroso que nacía de ti y de mí, tramado en noches de lluvia y días de labor, una claridad implícita en tu alma, una impaciencia asomada a mi papel, y eso hasta siempre, la identidad nacida de nuestros desvíos, el hijo sagrado y muerto. Mira cómo nos movemos ahora por el licor vacío de la tarde, o escribo en una máquina de hierro, infinitamente reacia, mira nuestra vida eterna, desde la adolescencia con perros y portales, hasta la soledad amarilla, postestival, silenciosa, que nos llena de corredores internos, de laberintos desalojados, de ropa caída. Ni tú ni yo. No sé por qué escribo, por qué te escribo esta carta, por qué vuelvo a la cerca espinosa del idioma. No nos hemos matado, y justamente por eso estamos muertos, asistimos a nuestra ausencia, pasamos una y otra vez por el hueco incoloro de la nada. Entramos y salimos. Cruzamos puertas y ventanas que no nos conciernen. Nadie tan solo como yo. Ninguna tan nadie como tú. ¿Y ahora? Nos hemos quedado aquí para asistir a una posteridad de cielo y verano que nadie habita, viendo pasar la estela de la muerte, estela clara de espuma silenciosa, hasta su final de cometa, de estación o de agua. Te juro que no. y te escribo esta carta que voy a enterrar entre mis papeles, para que no la leas nunca, forzando el idioma para que el papel vuelva a ser un papel en blanco. De muerte a muerte, de nadie a nadie qué somos ahora—, te escribo cartas vacías para hablarte de todo lo que hemos perdido, y van cayendo mis palabras, mis papeles, al vacío de sol y tiempo que se abre entre los dos, como un pozo que llega al cielo.
Cuando se habla de los amores de Diego Rivera, siempre aparece el nombre de Frida Kahlo. Y es natural que así sea. Fueron una de las parejas más famosas -y tortuosas- de la historia del arte.
Pero la vida de Diego tiene otros capítulos amorosos. Menos conocidos y no por eso menos mortificantes para sus mujeres. A principios del siglo XX, Rivera se trasladó a Francia. En esos desolados años luego de la Primera Guerra Mundial, conoció a la pintora y grabadora rusa Angelina Beloff.
Con Quiela, así la llamó durante su romance, tuvieron un hijo, al que llamaron también Diego, que murió por una epidemia de gripe poco después de cumplir un año. En 1918, Diego la abandonó. Se fue de Francia sin ella. Viajó a México con la promesa de enviarle dinero para comprar un pasaje. Pero nunca lo hizo. O no le enviaba suficiente.
Quiela es uno de esos personajes a los que la historia del arte borró. Elena Poniatovska rescató su figura en el precioso libro epistolar “Querido Diego, te abraza, Quiela”. La escritora imaginó esta carta que vas a escuchar a continuación. Pero no lo hizo desde la pura fantasía sino a partir de una intensa investigación de la biografía de Quiela. Aquí van los dolores de una mujer quebrada por el abandono de Diego. Lee la poeta y locutora Cecilia Fernández.
******
22 de julio de 1922
Parece haber transcurrido una eternidad desde que te escribí y sé de ti Diego. No había querido escribirte porque me resulta difícil callar ciertas cosas que albergo en mi corazón y de las cuales ahora sé a ciencia cierta que es inútil hablar. Tomo la pluma sólo porque juzgaría descortés no darte las gracias por el dinero que me has enviado. No lo hice por las tres últimas remesas de febrero 6, marzo 10 y principios de junio por 260, 297 y 300 francos respectivamente, y han pasado más de cuatro meses. Te mandé, eso sí, los nuevos grabados aparecidos en Floreal, pero ni una línea tuya al respecto. Tampoco una sola línea en las remesas de dinero. Si te dijera que hubiera preferido una línea al dinero, estaría mintiendo sólo en parte; preferiría tu amor es cierto, pero gracias al dinero he podido sobrevivir, mi situación económica es terriblemente precaria y he pensado en dejar la pintura, rendirme, conseguir un trabajo de institutriz, dactilógrafa o cualquier otra cosa durante ocho horas diarias, un abrutissement general con ida al cine o al teatro los sábados y paseo en Saint Cloud o Robinson los domingos. Pero no quiero eso. Estoy dispuesta a seguir en las mismas, con tal de poder dedicarme a la pintura y aceptar las consecuencias: la pobreza, las aflicciones y tus pesos mexicanos.
Ahora sé por Élie Faure de tu amor mexicano, pero mis sentimientos por ti no han cambiado ni me he buscado ni deseo yo un nuevo amor. Siento que tu amor mexicano puede ser pasajero porque tengo pruebas de que así suelen serlo. Sé que a Marievna tampoco le escribes; sólo remesas de dinero, pero ya no a través mío, para no herirme, sino de Adam Fisher. Ya ves que estoy bien enterada, no porque intente averiguarlo sino por tus amigos y los míos me lo dicen de golpe y porrazo sin duda alguna porque creen hacerme un bien al sacarme del sueño en el que vivo. Élie Faure fue claro: Angelina, usted siempre ha sido una mujer de un gran equilibrio y de buen sentido, tiene usted que rehacer su vida. Con Diego todo ha terminado y usted es demasiado valiosa. Ya no recuerdo lo que siguió diciendo porque no quise escucharlo, ni lo creí siquiera.
Cuando te fuiste Diego, todavía tenía ilusiones. Me pareció que a pesar de todo seguían firmes esos profundos vínculos que no deben romperse definitivamente, que todavía ambos podríamos sernos útiles el uno al otro. Lo que duele es pensar que ya no me necesitas para nada, tú que solías gritar: ¡Quiela! Como un hombre que se ahoga y pide que le echen al agua un salvavidas.
Continuar leyendo...
Si digo que este episodio trata sobre José Gabriel Condorcanqui Noguera, algún despistado podría no saber de quién estoy hablando. Pero si digo Tupac Amaru a todos se nos viene a la mente la enorme figura del precursor de la independencia del Perú. Aquel que estuvo a cargo de la insurrección más extraordinaria de la que tenga memoria esta parte del continente.
El lideró La Gran Rebelión como una protesta contra los abusos cometidos por los españoles. En 1780, ese gran movimiento logró derrotar en Cusco a las fuerzas del rey de España, aunque meses después los indígenas fueron derrotados. Y Tupac Amarú apresado.
Pese a las torturas a las que fue sometido, los españoles no lograron sacarle confesión alguna. Soportó el tormento. Y sus verdugos tuvieron que decapitarlo y exhibir su cabeza como trofeo en la Plaza de Armas de Cusco, con el fin de mostrar superioridad. Y, por supuesto, intimidar cualquier levantamiento.
Tupac Amaru tuvo un primer y único amor llamado Micaela Bastidas, con la que se casó cuando él tenía 20 años y ella 15. Esta carta va dirigida a ella. Por supuesto que es una carta de amor profundo, pero también está bañada del verde de la selva, de su idea de soberanía e incluso le dice: “Tú eres el comienzo de mi libertad individual”. Lee el actor Reynaldo Arenas.
******
En algún lugar de la Cordillera de los Andes, Enero de 1782.
Micaela:
Amor Mío. Por primera vez me encuentro rodeado de hombres verdaderos. Hay muchos hombres: inteligentes, audaces, prudentes, fríos, calculadores, desleales, ignorantes, pero pocos decentes e idealistas.
Pero esos pocos entre los cuales me incluyo, con el tiempo van a ser legiones, a medida que nuestro ejemplo vaya derrotando al inhumano conquistador.
Contigo por primera vez he sentido el Amor.
El Hombre sin Amor es Incompleto.
La civilización que nos quieren imponer ha escrito mucho sobre el Amor, pero la nuestra hace posible la experiencia del verdadero Amor.
Por todo eso, para dar dignidad y Amor a este mundo, estamos luchando.
Todos mis indios, son Hombres Nuevos, hombres silenciosos, pero tremendamente revolucionarios.
Nuestro Amor también comenzó silenciosamente… ¡Qué misterio¡ ¿verdad? Toda la selva verde y las altas montañas, todo el mar que contemplo en el cual me baño, la tierra que piso, las estrellas que miro ¿de dónde vienen? Y Tú, ¿de qué mundo vienes?
Porque mujeres de tu condición son raras manifestaciones que de tanto en tanto aparecen en la Tierra para Purificarla y Embellecerla.
Tú eres Amor. Eres para Ser amada.
Cuando ama, la mujer es vibración que estremece y conduce a un mundo superior.
Desde que te amo, vibro, trato de superarme. Cuando te beso, se agita mi alma, siento la presencia de la vida en plenitud.
Juntos somos la vibración profunda que trata de arrancarle el misterio al universo entero.
La energía secreta de tus ojos siempre me impulsan hacia nuevos objetivos. ¡A vencer!
Quizás para ello se precise una vida, miles de hombres nuevos….
Pero también sé que si estos hombres son amados por mujeres como tú, harán todo lo posible y los plazos se acortaran. Contigo junto a mi, tengo Fe en Mi Estrella.
Mientras Tú me ames formaré parte de la forja de los hombres que pelean por la libertad de todos los hombres.
Tú eres el comienzo de mi libertad individual. Juntos somos la expresión telúrica de nuestra raza.
En estos momentos me avisan que los conquistadores nos están cercando….
Pronto me uniré a Ti.
Túpac Amaru.
From the publisher's feed