¿Y si la pregunta no fuera solamente si Dios existe?
¿Y si también nos preguntamos...
¿por qué los seres humanos necesitamos creer?
Desde que tenemos memoria, los seres humanos hemos buscado respuestas.
¿De dónde venimos?
¿Por qué estamos aquí?
¿Por qué existe el sufrimiento?
¿Qué ocurre cuando morimos?
¿Existe algo después de la muerte?
¿Hay un Dios?
Y frente a esas preguntas hemos creado religiones, templos, rituales, libros sagrados y diferentes maneras de entender nuestra existencia.
Pero hay algo todavía más interesante.
Muchas veces recurrimos a la religión precisamente cuando no tenemos respuestas.
Cuando tenemos miedo.
Cuando sufrimos.
Cuando perdemos a alguien.
Cuando sentimos que no podemos controlar lo que está pasando.
Y quizás por eso la religión ha acompañado a la humanidad durante tanto tiempo.
Pero también existe otra cara.
Hay personas que han encontrado en la religión amor, esperanza, comunidad y consuelo.
Y hay otras que han encontrado miedo, culpa, prohibiciones o incluso heridas.
Hay quienes creen profundamente.
Hay quienes tienen dudas.
Hay quienes dejaron de creer.
Y hay quienes no saben exactamente en qué creen, pero sienten que existe algo más.
Entonces hoy no quiero decirte qué debes creer.
Tampoco quiero convencerte de que creas o dejes de creer.
Quiero que nos hagamos juntos algunas preguntas.
Porque quizás hablar de religión...
es también hablar de nosotros mismos.