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Or


Fotografía de Pura María García
En la medida de alcanzar la vieja puerta
está la intuición del desarraigo.
Voluntariamente acepto descalzarme,
caminar
este santuario de abandono.
No pienses que no hay amor en la parcela
que pisan las plantas de mis pies.
Al contrario.
Por amor abrazo la derrota,
el perder ganar un algo que todavía no se vislumbra.
Te amo al deshacerse las promesas.
También.
Te amo cuando los recuerdos sucumben como piedras.
Un día habría de ser.
Es hoy.
Amar es también soltar tu mano.
Comprender que el mismo océano no puede contenernos.
No sé muy bien cómo se deletrea la palabra amor
en el diálogo que me convoca.
Observo tu silueta
de espaldas a la mía.
Te dejo en este campo que no acepta batalla.
Te amo
con un amor que no se acabará en nosotros.
Viene silbando el viento
un adiós que termina y humedece
la tierra seca,
las raíces del haya,
la tormenta de cuerpos.
Tú no existes.
No existimos ya.
Aquella noche, la luna
escondía a la serpiente.
Como un marino a quien se le obliga a renunciar al puerto.
Como todos los regresares impedidos por fronteras interminables.
Como el hurto al mendigo de su lecho nocturno de baldosas.
Como un incendio provocado para que arda la belleza y convertirla
en hora mortal.
Como buscar poner limite a los ojos que vencen la distancia y alzan vuelo.
Así quisieron arrancarte la vida.
Así dejaron al rubio y a tu gente, criaturas buscando sin esperanza tu bello cuerpo, la fragilidad de tus manos y la fortaleza del nido rojo que latía entre tus pulmones.
Te asesinaron para aniquilar la palabra,
mutilar el verso,
reproducir la ablación del sentir y el amar al fulgor de las lunas.
Te asesinaron.
Te escondieron antes del paso de otras carabelas de muerte.
La mirada de un dios inexistente le fue cómplice.
El quejido gritó “Por la libertad” ante el vendaval del cobarde fusil.
Quebró tu cuerpo por la espalda.
Tú sabías.
Tú lo sabías.
Te lo habían dicho las estrellas, los caracoles, los delfines,
Los abrazos que diste sintiéndolos premonición, gesto y adiós de espuma sin palabras.
Te asesinaron.
A ti que florecías en la idea vertida como luz sobre el poema.
No te encontrarían, pensaron.
Pero tu frente se alza, como una rama.
Yo te traigo hasta mí.
Bebo, a cada tanto, en tus poemas.
Me recorre tu voz viva las venas de agua que me dan nombre.
Te encontré.
Te encuentro, a pesar del intencionado extravío de tu cuerpo.
Fotografía de Pura María García
Este vasto lugar soy yo.
Así es como desafío la finitud de la concha de mar.
Al otro lado, la belleza,
ese murmullo prisionero de la arena.
Te he buscado, un día y otro.
Mi boca llena de pétalos.
El sol vertido en el paisaje.
Mi asombro al recordar tus brazos.
Cuánto amarillean las espigas de trigo
al saber de mi búsqueda trasparente a su huella.
Te he buscado.
Incluso en las noches sin luz se ha abierto paso
la distancia,
confinada al laberinto de aún desconocernos.
Te he buscado antes de presentirte.
Me traes el sonido que derrumba a los relojes.
Dormiré en los colores de tu cuerpo.
Te quedarás, esa es la incertidumbre,
tras el cielo batiente de primaveras que aguardan.
Fotografía de Pura María García
Acabar el tiempo corto.
Susurran las vocales que llevo a los pies.
Me quito de los labios
la comisura rota.
Las vértebras contienen todas las mañanas juntas.
Acabar el tiempo.
Pero yo te recuerdo
en el desorden
de los principios y una maleta abierta.
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ACHEVER LE PEU DE TEMPS
Les voyelles que je porte aux pieds murmurent.
Je retire de mes lèvres
la commissure brisée.
Les vertèbres contiennent toutes les matins ensemble.
Achever le temps.
Mais moi, je me souviens de toi
dans le désordre
des commencements et d’une valise ouverte.
TOGETHER by MATTHEW HALLSALL
FOTOGRAFÍA de Pura María García
Música Sarda: Sa Lughe de Elena Ledda
Esperar las lluvias.
Encontrar el perímetro que señala
el borde
de las lenguas,
la vegetación fibrosa del atardecer,
el roquedal instalado en tu silencio.
Las acacias arden en la luz que aún nos atraviesa.
Cierro los ojos y pasa el espejismo.
La lava es una diadema que me ciñe.
Toco la muerte y la vida cada día.
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Esperare sas chistionas.
Trovare su perimetru chi sennale
su bòrdere
de sas lengas,
sa b’egetatzione fibròsa de s’atzentu,
su rocheddu postu in su tuo silèntziu.
Sas acàchias brùntiant in sa lùtzia chi àida nos at traversat.
Tàgo sos ochos e passet su spejismu.
Sa lava est un’adìa chi mi ciñet.
Piàno sa morte e sa bida cale die.
Fotografía de Pura María García
Hay calentura en este invierno.
Gotea el cuerpo.
Todo amanece en el batir de mil alas en las sienes.
La piel muestra su cansancio.
Rechaza, por una vez, volver a ser refugio.
Clama su conversión
en anhelo
celeste.
El invierno se arroja a las noches que crecen.
Es una hiedra que trepará a mi espalda.
Dos barcos fondeados
El día de la tormenta ha dejado su rastro
Huele a cuerpos que se han roto mutuamente.
Crujir
Besar
Anidar las lenguas en las lenguas
Licuar el enigma de los sexos
Tus facciones sin urdimbre
Tus ojos, subordinados a la imagen
De mi pecho signo de puntuación
De mi desconcierto puntos suspensivos
Interrogación
No sé si acallar el amor
Apelarte la piel
Espalda
Clavícula
Mapa de pistas falsas
Deux bateaux à l’ancre.
Le jour de la tempête a laissé sa trace.
Ça sent les corps qui se sont brisés l’un l’autre.
Craquer.
Embrasser.
Nicher les langues dans les langues.
Liquéfier l’énigme des sexes.
Tes traits sans trame.
Tes yeux, soumis à l’image
de ma poitrine, signe de ponctuation.
De ma stupeur, points de suspension.
Interrogation.
Je ne sais pas si je dois faire taire l’amour,
invoquer ta peau :
dos,
clavicule,
carte aux fausses pistes.
Fotografía de Pura María García
Tiras de algas sin amparo.
Soy el agua salada que siempre mantendrán tus labios.
Busco tu boca.
La he buscado siempre.
Apelo a la memoria de tus labios de agua
para reconstruirte en la cicatriz que divide el pasado y el presente.
Hay una humedad que venía de ella, de tu boca.
Una saliva volcánica,
generadora de cosmos y de espasmos.
La saliva confiada.
El vértigo común que libaban mis labios.
Busco tu boca.
En ella, tu lengua.
El alumbramiento del deseo que jamás nos abandonó
cuando la tarde nos advertía de que todo nacimiento es definitivo.
Busco tu boca.
En ella, tus labios.
En ellos, los míos,
con su fondo de piélago,
su dulzor de hambre por hallarte.
Busco tu boca.
Siempre la he buscado.
Para flotar eternamente en su carnal hondura.
Para no temer el cierre de las puertas a mi espalda.
JE CHERCHE TA BOUCHE
Je cherche ta bouche.
Je l’ai cherchée toujours.
J’en appelle à la mémoire de tes lèvres d’eau
pour te reconstruire dans la cicatrice
qui sépare le passé du présent.
Il y avait une humidité qui venait d’elle, de ta bouche.
Une salive volcanique,
créatrice de cosmos et de spasmes.
La salive confiée.
Le vertige partagé où buvaient mes lèvres.
Je cherche ta bouche.
En elle, ta langue.
La naissance du désir qui ne nous a jamais quittés
quand le soir nous prévenait
que toute naissance est définitive.
Je cherche ta bouche.
En elle, tes lèvres.
En elles, les miennes,
avec leur fond d’abîme,
leur douceur de faim de toi.
Je cherche ta bouche.
Je l’ai toujours cherchée.
Pour flotter sans fin dans sa profondeur charnelle.
Pour ne plus craindre la fermeture des portes derrière moi.
Fotografía de Adi Villain
¿Cómo podría escribirse la memoria?
Decir para decirse.
Discurrir entre líneas.
Dibujar el orden distinto que tomarían las cosas
si los trazos,
los colores,
fuesen la pérdida del horizonte.
En este espacio lineal se inscribe lo atenuado
por el recuerdo salvador,
su cirugía sutil que sutura las heridas.
En medio de aquello que te desaloja
de mi pasado y sus ecos,
prendes un cigarrillo,
piensas palabras.
Humo y silencio.
Fotografía de Pura María García
Porque siempre hay una derrota en el reverso de la voz.
Es útil la mirada al vacío,
el estremecimiento y la rendición
al gusano invisible de la duda.
Están la nada y el todo en el jardín cauteloso de tus manos.
Las mañanas muertas por el sol.
También los lienzos invisibles que cubrieron las ventanas.
Los pájaros absueltos del olvido
traen de nuevo tu nombre extranjero a mi silencio.
Hacen corpóreas las contradicciones.
Lo que irrumpe.
Aquello que se acerca porque desea ser recordado.
Arde tu nombre,
nuevamente,
en la recaída del alma que posterga la simetría
que jamás tendrá el pasado.
Sin embargo, crecen los sinembargos de pétalos
que no permiten el estallar pleno de un dolor
que nunca es, en realidad,
flor de tristeza.