Ante la vorágine del día a día, lo mejor es adoptar un estado calmado y sosegado, que sin duda va a obtener, en todos los aspectos, muchos mejores resultados que cualquier otro, porque no sólo beneficia a quién lo posee, sino que emite silenciosamente una especie de invisible manto de quietud, que apacigua y contagia cuanto tiene alrededor.