El deterioro de la calidad de vida y empleo no alcanza a todes por igual, siendo les jóvenes y mayormente las mujeres jóvenes -les denominades “grupos vulnerables del mundo del trabajo” [1]- quienes reciben los golpes más fuertes de la crisis.
Este primer dato de la realidad permite justificar por qué en este informe nos preguntamos por la situación de les jóvenes en el mercado de trabajo. Pero no es el único: observar qué pasa con la juventud trabajadora implica además intentar reflexionar sobre las especificidades de la clase obrera, sobre los distintos segmentos que la componen y la necesidad del capital de moldear un tipo de fuerza de trabajo específica (informal, precaria, disponible, flexible, barata y contingente), particularmente útil ante situaciones de crisis como la actual. Una fuerza de trabajo susceptible de ser despedida sin costo alguno ni derechos. Es entonces, también, una forma de indagar sobre un sector fundamental para la reproducción del capital, que ha sido golpeado por otros efectos de la pandemia, como la profundización de la crisis educativa, y por otros no tan “coyunturales”, como la creciente estigmatización bajo los motes de “Ni-Ni” (ni trabajan, ni estudian).