El poema “El viaje definitivo”, de Juan Ramón Jiménez, habla de la muerte, pero también de todo aquello que permanece cuando nosotros nos vamos. Y quizá por eso podemos llevar sus versos más allá de la muerte y pensar en todas las veces que dejamos un lugar en el que hemos vivido durante muchos —o pocos— años: los amigos que se quedan, los lugares que siguen ahí, las huellas que dejamos y las vidas que, de alguna manera, hemos cambiado.
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