Cuando Fernando VII regresó a España en 1814 tras la derrota de Napoleón, muchos lo recibieron como al rey esperado, el monarca que debía restaurar el orden después de los años de guerra.
Pero el país al que volvía ya no era el mismo.
Durante la Guerra de la Independencia, España había vivido una experiencia política inédita: la reunión de las Cortes de Cádiz y la proclamación de la Constitución de 1812. Por primera vez, la soberanía parecía residir en la nación y no únicamente en el rey.
Fernando VII decidió borrar esa experiencia.
Restauró el absolutismo, anuló la Constitución y persiguió con dureza a los liberales. Pero el liberalismo ya no podía desaparecer. Sobrevivió en conspiraciones, pronunciamientos militares y redes clandestinas que atravesaban ciudades, tertulias y círculos intelectuales.
El pronunciamiento de Riego en 1820 abrió el breve experimento del Trienio Liberal, un intento de instaurar el constitucionalismo en España. Sin embargo, la intervención de las potencias absolutistas europeas devolvió el poder absoluto al rey y abrió una década marcada por la represión política.
El reinado de Fernando VII fue, así, un tiempo de restauraciones y rupturas constantes: absolutismo frente a liberalismo, conspiraciones frente a represión, esperanza frente a fracaso.
Un periodo en el que España comenzó a descubrir que el conflicto entre tradición y libertad marcaría todo su siglo XIX.
Porque tras la muerte de Fernando VII en 1833, el país ya no discutiría solo quién debía ocupar el trono.
Discutiría qué tipo de Estado quería ser.
Obra: En este Lugar
Música de https://www.fiftysounds.com/es/