Utopías y distopías: tantas advertencias consecutivas o superpuestas perdieron su fuerza premonitoria y reflexiva, sumiéndonos en una suerte de costumbrismo de la globalización que se impuso como único modo de vida posible; lo utópico y lo distópico irremediablemente nos remitieron a sociedades o sistemas que no resolvían el estado de totalización del capitalismo. Y fue en ese punto donde otra tradición, aunque igualmente asimilada por el sistema, propuso una alternativa utópica radical: el postapocalipsis.