Las personas solemos evitar nuestras responsabilidades culpando a otros y eso muchas veces da buenos resultados. Pero es imposible engañar a Dios, que es omnisciente, pues conoce absolutamente todo de nosotros, por eso su Palabra nos enseña con total claridad que no es posible responsabilizar a otros por nuestros actos y, por lo tanto, cada uno responderá por ellos.