Si alguien nos dijera que somos "ciegos espirituales", es probable que nos molestáramos o que no entendiéramos lo que nos quieren decir. Pero si no atendemos a la Palabra de Dios, si no vemos las maravillas de su creación, su preocupación por nosotros, la bendición de conocer su palabra y hacer su voluntad, entonces sí somos esos ciegos. Pero es maravilloso saber que Jesucristo puede sanarnos, tal como lo ha estado haciendo desde siempre a quienes lo buscan.