El ADN contiene la información genética de cada individuo y nos permite, entre otras cosas, saber con quienes estamos emparentados, quienes son nuestros padres y mucho más.
A los hijos de Dios, muertos a la carne y renacidos al Espíritu de Dios mediante el poder de la Cruz de Cristo, El Señor nos transmite su propio ADN, así tenemos el ADN de Dios mismo, lo que nos asegura nuestra relación padre-hijo.