Toda la Sagrada Escritura es una llamada a la santidad, a la plenitud de la caridad. Jesús nos señala explícitamente en el Evangelio la necesidad de ser santos, maduros en la fe, en la esperanza y en el amor. Y Jesús no se dirige solo a los Apóstoles, o a unos pocos, sino que la exigencia es para todos.
El Señor llama a imitarle y a seguirle sin distinción de estado, raza o condición. Como hijos de Dios debemos parecernos a nuestro Padre Dios, que es amor.