Evangelio según San Juan 9, 1 - 40
Pasando vio Jesús un ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: “Maestro, ¿quién pecó? ¿éste o sus padres, para que naciese ciego?” Respondió Jesús: “Ni pecó este ni sus padres, sino que se habían de manifestar en él las obras de Dios. Es preciso que obre yo las obras del que me envió mientras es de día; viene la noche, en que nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, luz soy en el mundo”. Dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo con la saliva y le ungió con el lodo los ojos y le dijo: “Anda, lávate en la piscina de Siloé”, que significa “enviado”. Pues fue y se lavó y volvió von vista. Con esto, los vecinos y los que antes le veían mendigar, decían: “¿No es éste, acaso, el que estaba sentado y mendigaba?” Unos decían “Es él”; otros decían “No, sino que es uno que se le parece”. Él decía “Soy yo”. Decíanle, pues: “¿Cómo, pues, te fueron abiertos los ojos?” él respondió: “Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo y me ungió los ojos; y me dijo ‘Ve a Siloé y lávate’. Con que fui, y, habiéndome lavado, recobré la vista”. Y le dijeron: “¿Dónde está él?” dice “No lo sé”. Llevan a los fariseos al que había estado ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. De nuevo, pues, le preguntaron también los fariseos cómo había recobrado la vista. Él les dijo: “Me puso barro sobre los ojos y me lavé, y veo”. Decían, pues, algunos entre los fariseos: “Este hombre no viene de Dios, pues no guarda el sábado”, más otros decían: “¿cómo puede un hombre pecador obrar semejantes señales?” y había escisión entre ellos. Dicen pues, al ciego, otra vez: “¿Tú qué dices de él, en cuanto a que te abrió los ojos?” él dijo: “Que es un profeta”. No creyeron los judíos acerca de él que era ciego y recobró la vista, hasta que llamaron a los padres del mismo, que había recobrado la vista, y les preguntaron diciendo: “¿Es este vuestro hijo, que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?” respondieron sus padres y dijeron: “Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; cómo ahora ve, no lo sabemos, y quién abrió sus ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a él, edad tiene, él dirá de sí”. Esto dijeron sus padres porque temían a los judíos, pues ya se habían concertado los judíos en que, si alguno le reconociera por Mesías, fuese expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres “edad tiene, preguntadle a él”. Llamaron, pues, por segunda vez al hombre que había estado ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que este hombre es pecador”. A esto respondió él: “Si es pecador, no lo sé. Una cosa sé: que yo estaba ciego y ahora veo”. Dijéronle pues: “¿Qué hizo contigo? ¿cómo te abrió los ojos?” respondioles: “Os lo dije ya, y no me escuchasteis; a qué lo queréis oír de nuevo? ¿Acaso también vosotros queréis haceros discípulos suyos?”. Le cargaron de denuestos y le dijeron: “Tú, discípulo suyo eres; nosotros, de Moisés somos discípulos. Nosotros sabemos que a Moisés le ha hablado Dios, más ese no sabemos de dónde es”. Respondió el hombre y les dijo: “En esto precisamente está lo extraño: que vosotros no sabéis de dónde es y, no obstante, me abrió los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que, si uno honra a Dios y cumple su voluntad, a éste escucha. Nunca jamás se oyó decir que uno abriese los ojos de un ciego de nacimiento: si este no viniera de dios, no pudiera hacer nada”. Respondieron y le dijeron: “En pecado naciste tú de pies a cabeza, y tú nos das lecciones a nosotros?” y le echaron afuera. Oyó Jesús que le habían echado afuera y, habiéndose encontrado con él, dijo: “¿Tú crees en el Hijo de Dios?” respondió él y dijo: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” Díjole Jesús: “Le has visto, y el que habla contigo, él es”. Él dijo: “Creo, Señor”; y le adoró. Y dijo Jesús: “Para juicio vine yo a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos”. Oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él y le dijeron: “¿Es que también nosotros estamos ciegos?” díjole Jesús: “Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; más ahora decís ‘Vemos’: vuestro pecado subsiste”.
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