Recordemos que fuimos redimidos por la sangre del cordero, y se nos concede nuevamente el gozo de la amistad con Dios. Asumida esta realidad espiritual vivimos en gozo por la dignidad que se nos otorga. Tenemos la dicha que un amigo; nuestro Señor, nos ha abierto un sendero bañado con su sangre y providencia protectora. Cristo es el camino.
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