A lo largo de nuestro día, es increíble la cantidad de información que podemos recibir. La radio, la TV, los periódicos, la Internet, nuestras relaciones de trabajo o escolares buscan convencernos de actitudes, necesidades, acontecimientos. Muchas veces no importa la fuerza del argumento sino la fuente de la que provino, "es que lo dijo fulano" o "es que lo leí en tal libro, periódico" o "es que lo dijo el maestro o el jefe de la oficina".
Hoy Jesús en el evangelio nos dice "Yo les he comunicado las palabras que me diste". Es decir, la palabra escrita en la Biblia no tiene la autoridad del editor, sino la autoridad de Dios. Por eso en la liturgia, cuando se proclama la palabra se dice, sin importar quien la escribió (Isaías, Mateo, Pedro, Pablo), "Palabra de Dios". Sin embargo, todavía hay quienes la discuten, la ponen en duda, la comparan con otros "autores", y finalmente quienes, el hecho de que sea "palabra de Dios", les tiene sin cuidado.
No olvidemos que la "Revelación" no solamente busca informarnos el pensamiento de Dios, sino instruirnos y ayudarnos para que nuestra vida alcance la plenitud. En definitiva, busca convencernos que sólo en Dios está la verdadera felicidad. Pidamos al Espíritu Santo que venga a nuestro corazón y nos convenza de la importancia de tomar en serio la Palabra de Dios.
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