Quizás una de las acciones más importantes que ejerce el Espíritu Santo en nuestros corazones es el de "convencernos del pecado". Sin este convencimiento interior, el hombre se considera justo, santo, bueno.
Es común encontrarnos con personas que dicen: Yo no soy malo, no robo, no mato, no hago grandes cosas malas. Esto es verdad, sin embargo, la realidad del pecado va mucho más allá. En la medida en que el Espíritu Santo va tomando fuerza en nuestro corazón por la conversión, vamos siendo capaces de descubrir "nuestro propio pecado" y nos va haciendo comprender interiormente la realidad destructora de éste. Se hace presente a nuestra conciencia, como dice San Pablo, esa fuerza interior que nos lleva a hacer el mal que no queremos. Cuando somos capaces de descubrir esta fuerza y nuestra incapacidad de vencerla, nace en nosotros la necesidad imperiosa de aceptar y vivir la salvación de Cristo, pues solo él es capaz de vencer la realidad destructora del pecado.
Este es el paso definitivo de una conversión profunda y verdadera. Por ello, pide al Espíritu Santo que te haga comprender interiormente la necesidad de Dios, pídele que te convenza del pecado para que puedas, con la ayuda divina, evitarlo y vivir la paz y la alegría del Reino.
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