Este pasaje, recogido por el profeta al final del exilio, anima al pueblo a no desfallecer en su fe, sino a confiar plenamente en el Emmanuel, en el "Dios-con-nosotros", el Dios de la salvación. Generalmente al llegar a fin de año, después de todos nuestros esfuerzos, tanto económicos y físicos, así como espirituales, podemos terminar cansados o incluso, decepcionados, de que los resultados no hayan sido como los esperábamos.
Esta lectura nos debe recordar las palabras de Jesús: "Vengan a mí, todos los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar". Dios no abandona, al contrario, está siempre atento a nuestras necesidades y sobre todo, pronto para fortalecer nuestro ánimo por medio de la acción del Espíritu Santo.
No desfallezcas, confía en el Señor que viene a salvarte, que viene para que tengas vida, y para que la tengas en abundancia.
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