Este pasaje del Apocalipsis es una clara alusión a la liberación del mar rojo. En ésta, los vencedores del poder opresor, como fue el caso del faraón en el Éxodo, cantan el cántico de victoria reconociendo la omnipotencia y el amor de Dios para su Pueblo. Representa a todos los que, ayudados por la gracia de Dios, han vencido el egoísmo, la soberbia, la injusticia y todo lo que es en sí, opresión para el hombre.
Son los que no han aceptado la invitación del demonio (la bestia) a adorarle en el dinero, el placer y el poder, sino que, siendo fieles a Dios, han dado testimonio de su amor al Señor. Ese pueblo somos nosotros, los cristianos de esta época, que al igual que los primeros cristianos tenemos que aferrarnos a la gracia y a las promesas del Señor y permanecer fieles rechazando las iniciativas del demonio, para así ser con Cristo, el nuevo Moisés, victoriosos y libres.
Support the show