El episodio describe a un hombre afectado por lepra que, con profundo respeto, se acerca a Jesús y le dice: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Sorprende la reacción inmediata del Maestro: no solo responde con palabras, sino que lo toca. En aquella cultura, la lepra implicaba un fuerte aislamiento social y religioso; la persona era considerada impura. Sin embargo, el gesto de Jesús derriba toda barrera y expone la compasión divina en su estado más puro: “Quiero: queda limpio.”