Hoy muchos jóvenes pasan horas viendo pantallas. Entran a una red, luego a otra, ven videos, comentarios, tendencias, bromas, peleas, retos, consejos rápidos, opiniones fuertes y vidas que parecen perfectas. Todo va tan rápido que casi no hay tiempo para pensar.
El problema no está únicamente en usar redes sociales. El problema aparece cuando esas redes empiezan a formar la mente, el carácter, los gustos, la forma de hablar, de vestir, de pensar y hasta de tratar a los demás.