En el relato de la Transfiguración, según Marcos 9, 2-10, nos encontramos con un momento de revelación divina que ilumina no solo la identidad de Jesús, sino también nuestra propia jornada espiritual, especialmente en el contexto de la Cuaresma. Este episodio, situado en la cima de un monte, muestra a Jesús transformado en una luz deslumbrante, con Elías y Moisés a su lado, simbolizando la Ley y los Profetas, y una voz celestial proclamando: "Este es mi Hijo amado; escuchadlo".