En el pasaje del Evangelio de San Mateo, capítulo 5, versículos del 1 al 12, Jesús sube a la montaña y se sienta. Ese gesto, tan sencillo, marca un cambio profundo: ya no es Moisés recibiendo la Ley, sino Dios mismo revelando su rostro a través de su Hijo. Las Bienaventuranzas no son un código moral ni una lista de virtudes decorativas, sino una radiografía del corazón que ha aprendido a confiar en el Padre..