Jesús afirma que a un rico le cuesta entrar en el Reino, usa la imagen del camello y el ojo de la aguja, los discípulos se asustan, y Él concluye: “Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.”
Este pasaje desenmascara dónde apoyamos el corazón. La imagen del camello es una hipérbole típica de Jesús: busca sacudir, no entretener. El punto no es demonizar el dinero, sino revelar una esclavitud interior: cuando la cuenta bancaria, el prestigio, la comodidad o el control se vuelven “salvadores”, el Reino queda fuera de foco. Por eso los discípulos se espantan: si quienes parecen exitosos no pueden, ¿quién podrá? Respuesta de Jesús: nadie por sus fuerzas; Dios, sí.