María Magdalena va al sepulcro cuando todavía está oscuro. Este detalle no es casual: en el evangelio de san Juan, la oscuridad muchas veces simboliza la incomprensión, la confusión, la ausencia de sentido. María camina en la oscuridad exterior e interior, porque la muerte de Jesús ha derrumbado todo lo que creía. Pero aún así, ella no se queda encerrada en el miedo ni en la parálisis. Se levanta, busca, corre, llora. No lo hace desde la certeza, sino desde el amor. Y es justamente ese amor lo que la mantiene en movimiento.