9 de febrero de 2026
Vivamos hoy agradecidos por la presencia de Jesús en nuestras vidas. Tal vez no podemos tocar su manto, pero si podemos comulgar su Cuerpo y su Sangre. Él está vivo, y presente en nuestras vidas, no para “que nos vaya bien”, sino para que en las bendiciones y en las dificultades encontremos con quien vivirlas y para qué vivirlas.
Gracias Dios, no por mi salud, ni por mi enfermedad, gracias porque en todo momento tu Presencia me fortalece y me sana.
En verdad, eterna es su Misericordia,
Mons. Héctor M. Pérez V.