Dios ha decidido hablarnos, la mayoría de las veces, por medios ordinarios: las palabras de tu amigo o compañero, una puesta de sol, una moción en tu corazón, la Palabra de Dios en el Evangelio diario, todos los días encuentra Él el detalle perfecto para decirte que va caminando contigo, ¿aceptarás el reto de escucharlo?
Por otro lado, cuando encontramos nuestra vocación, también nosotros cambiamos y nos volvemos extraordinarios para quienes siempre nos conocieron. No dejemos de compartir esos dones que Dios da a los demás a través de cada uno de nosotros, personas ordinarias, llamadas a escribir la historia extraordinaria de Dios entre los hombres.