SÁBADO SANTO, LA HORA DE MARÍA
El sepulcro está sellado, en él yace el hijo de María, el Mesías, el Señor.
¿Cómo enfrentar tanto dolor? ¿Cómo no perder la esperanza?
El corazón de María está destrozado.
Su mente no encuentra respuestas.
Solo la sostiene su fe y la esperanza de que Dios es fiel.
Así vive María el sábado: en silencio, con dolor, solo sostenida por su fe.
Es el silencio del sábado, la hora de María. En este silencio es que ella es constituida por Dios como Madre de todo consuelo, Madre de esperanza y Madre de nuestra fe.
“Oh María, que nos has engendrado con dolores de parto como hijos del Padre celestial; consuélanos con tu presencia, fortalece nuestra esperanza y ayúdanos a sostenernos en la fe ante las adversidades que enfrentamos.
Oh María, Virgen de mil dolores, con tus santísimas lágrimas lava nuestras culpas y consuela nuestros corazones; protégenos y ayúdanos a creer que después de la prueba siempre vendrá la luz de la Resurrección”. Amén.