Con la caída de Dios, de la imago paterna, pero también de las figuras del Estado y del Pueblo, las producción de subjetividad ha dejado de realizarse mediante unidades totalizantes, abriéndose al caos. Sin embargo, se intenta enmascarar dicho caos resucitando las figuras del orden (Dios, Padre, Estado, etc.); ésa es la paradoja del capitalismo mundial integrado: un sistema cimentado en la locura y que, al mismo tiempo, trata de aparentar un orden, una finalidad que en realidad no tiene.
Inclusive la llamada “condición humana” es por sí misma una forma loca, caótica. Desde el momento en que un cuerpo es tomado por el lenguaje es capaz de desear, sensible a múltiples formas de goce y sufrimiento que no responden a una supuesta “naturaleza humana”.
Más allá de rechazar este caos, habrá que reapropiarlo y llevarlo hasta sus últimas consecuencias: “una práctica política que persiga la subversión de la subjetividad que permita un agenciamiento de singularidades deseantes debe investir el propio corazón de la subjetividad dominante, produciendo un juego que la revele, en lugar de denunciarla. Esto quiere decir que, en lugar de pretender la libertad (noción indisolublemente ligada a la de la conciencia), tenemos que retomar el espacio de la farsa, produciendo, inventando subjetividades delirantes que, en su embate con la subjetividad capitalística, provoquen que se desmorone” (Mauricio Lissovski).
En esta emisión de radio tuvimos como invitado a Alberto Sladogna, analista de la École Lacanienne de Psychanalyse (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis).