Conviene entender que el Ejército de la Voz, el Ejército de la Palabra, es FUEGO. Y que ese Fuego vivo, ese Fuego viviente y filosofal que hace fecunda la materia caótica, es el Cristo Cósmico, el Logos, la Gran Palabra. Pero que para que el Logos aparezca, para que venga a la manifestación, el Uno debe desdoblarse en el Dos, es decir: El Padre en La Madre, y de la unión de los dos opuestos nace el tercero: el Fuego. Ese Fuego es el Logos, el Cristo, el Verbo que hace posible la existencia del Universo en la Aurora de cualquier creación.
Conviene que entendamos mejor lo que es el Cristo, que no nos contentemos con recordar la cuestión meramente histórica. Porque el Cristo es una realidad de instante en instante; de momento en momento; de segundo en segundo; Él es el Creador. El Fuego tiene poder de crear los átomos y de desintegrarlos; el poder para manejar las fuerzas cósmicas universales, etc. El Fuego tiene poder para unir todos los átomos y crear Universos como el poder para desintegrar Universos. El mundo es una bola de fuego que se enciende y apaga según leyes.