La brujería fue un sistema de creencias cuyo supuesto significado procede, fundamentalmente, de las actas de los procesos de la Inquisición. Por confesiones bajo tortura, emergió el estereotipo de las brujas en los aquelarres; las reuniones nocturnas en los bosques en las que las hechiceras se unían con el demonio para propagar el mal y la oscuridad. Investigaciones actuales, como la del historiador italiano Carlo Ginzburg, sostiene otra tesis: que la brujería era en realidad una práctica mágica para catalizar la fertilización de la tierra y el éxito de las cosechas, desde un posible trasfondo chamánico. La imagen clásica de la brujería, aún instalada en el imaginario colectivo, es entonces un ejemplo de construcción de un estereotipo a instancia de una dinámica de poder.