He de reconocer que en mi corta, pero extensísima vida de escritor, ya he asumido otros riesgos. Qué coño, me gusta el riesgo.
No se vivir tranquilo si no me asomo al abismo dos o tres veces al día. Si el suelo que piso es firme, si el aire puro, si las noticias buenas, me pongo realmente nervioso. Como, en una ocasión, le dijo ante las cámaras Mariano Rajoy a Artur Mas, “ vivo en el lio “.
No obstante, el riesgo que asumo hoy es máximo. Hoy, y sin que sirva de precedente, voy a empezar un artículo hablando bien de mi suegra. Después de una nevada histórica, bolas de fuego cruzando el cielo de Madrid y otros fenómenos inusuales, no debería sorprenderles.