Ya sea por algún rasgo de carácter o por el aspecto físico, los mexicanos siempre encontramos un sobrenombre para nuestros conocidos. De hecho, la palabra “gringo” se convirtió en un vocablo aceptado por la real academia de la lengua, por su uso generalizado. Los mexicanos llevamos más de un siglo llamando “gringos” a nuestros vecinos del norte.