. De este modo, más que significación fálica del deseo del Otro planteada por Lacan en la sublimación del amor cortés, supondría interpretarla, reconocerla en su estatuto de la diferencia del no - toda ya no de la mujer, sino de un Otro “Uno”, justo en los límites de su estructura en tanto sujeto de deseo.
Por último, señalemos que si la cadena significante no es más que una “ficción” en tanto no hay relación entre el Uno y el dos, en tanto hay un abismo entre ambos. Por eso, el lenguaje se convierte también en suplencia de “la relación sexual que no hay”, brindándonos una ilusión de unidad y completud. En este sentido, por ejemplo, Lacan nos enseña: “Puesto que se trata para nosotros de tomar el lenguaje como lo que funciona para suplir la ausencia de la única parte de lo real que no puede llegar a formarse del ser, esto es, la relación sexual” (Lacan 1972-1973, 62). Aquí podemos ubicar una profundización del trabajo iniciado con la diferencia entre el rasgo unario y el significante en el seminario sobre la identificación. Recordemos que allí Lacan concibe al primero por fuera de la lógica binaria del significante, como un rasgo excluido radicalmente que no cuenta en la demanda. Lacan sitúa que el Uno no se encadena, no tiene representación ni sentido y puede pensarse como “el soporte del significante en cuanto tal” es decir, desprendido de sus efectos de significado. De esta manera, el Uno permite abordar lo que Lacan llama “lalengua”: “Si el inconsciente es de veras lo que digo, por estar estructurado como un lenguaje, donde tenemos que interrogar a este Uno es a nivel de la lengua”