Ante la inminente e irremediable necesidad de buscar nuevas formas de ser consumidos, sobre todo ahora que la not-constitución pasó a la historia y medio país se quedó sin narrativa, este nuevo delirio se orienta a la constante reconfiguración de discursos e identidades que hacemos con la finalidad de agradar y molestar lo menos posible (o, en nuestro caso, todo lo contrario). Desde escoger activismos como quien escoge la palta más madura de la verdulería hasta buscar nuevas formas de vestir, todo siempre visto y consumido como una especie de membresía que nos permita acceder a lo que sea que esté de moda, como lo es hoy el progresismo (y mañana el fascismo, siono?). Bueno, al menos esa era la idea, pero salió este episodio.