Tras la caída de Francia en 1940, el clero acogió al mariscal Pétain como un salvador. Pero, cuando comenzaron las redadas de judíos en el verano de 1942, pastores protestantes y clérigos católicos se manifestaron en contra de las deportaciones. Sus palabras rompieron el silencio de las instituciones y alentaron la Resistencia, mientras que escuelas y conventos abrieron sus puertas a los refugiados judíos.
En la primavera de 1940, el Ejército de Francia fue derrotado por la Wehrmacht, y el mariscal Pétain accedió a colaborar con las fuerzas de ocupación.
Entre las medidas adoptadas por su gobierno, con sede en Vichy, se encontraba el "estatuto de los judíos". La ley excluía a los judíos de la vida pública y muchos refugiados judíos extranjeros también fueron recluidos en campos de internamiento.
Ya en el verano de 1940, algunos franceses se vieron obligados a comprometerse en una resistencia moral y espiritual.
Ese fue el caso del pastor Roland de Pury en Lyon, quien declaró desde el púlpito: "Francia estaría mejor muerta que vendiéndose".
Leer tambiénA 75 años de la liberación de París
Sus palabras reflejan los sentimientos de Bruno de Solages, rector del Instituto Católico de Toulouse, que acogió a refugiados de toda Europa y les entregó tarjetas de estudiante que les permitían obtener documentos falsos y pasar a la clandestinidad.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en el verano de 1942, cuando comenzaron las grandes redadas.
Voluntarios que trabajaban en los campos de internamiento cerca de Toulouse alertaron al arzobispo sobre el maltrato al pueblo judío, que era conducido a pie a vagones de ganado. Monseñor Saliège escribió una carta, que envió para que se leyera en voz alta en todas las iglesias de su diócesis, denunciando las deportaciones y apelando a la moral cristiana.
En Lyon, en la noche del 28 al 29 de agosto de 1942, la asociación Amitié Chrétienne organizó el mayor rescate de niños judíos en Francia, gracias a la protección del cardenal Gerlier, arzobispo de Lyon. El cardenal Gerlier, quien había apoyado al mariscal Pétain en 1940, se negó a entregar a los niños al prefecto de Lyon, quien dirigía las deportaciones.
El poder espiritual que desafiaba al poder: la Resistencia lionesa amplificó este acto, convirtiéndolo en un acontecimiento crucial.
Los cardenales Saliège y Gerlier no fueron perseguidos por las autoridades debido a su edad y rango en la Iglesia, pero muchos hombres y mujeres de fe fueron arrestados por su resistencia moral.
Roland de Pury pasó más de cinco meses encarcelado en Fort Montluc, Lyon. Otros, como Solages y tres sacerdotes del Instituto Católico de Toulouse, fueron enviados a campos de concentración en Alemania. Escribieron relatos de primera mano sobre su deportación en una publicación colectiva titulada "Pèlerins de bagne" o "Peregrinos de la colonia penal". Muchos de sus compañeros de prisión nunca regresaron.
📲Suscríbete aquí al canal de France 24 en WhatsApp y accede a todo el contenido para entender lo que acontece en el mundo.