El escritor Álvaro Bisama conversó con #FrecuenciaLiteraria respecto a su más reciente novela, Oráculo (Seix Barral, Planeta), una obra desafiante, un libro de libros, donde mapas, bibliotecas, cartas, casas y criaturas funcionan como símbolos y puertas hacia distintos géneros e imaginarios.
Para el autor, una novela que es una declación de amor a la literatura y no como “un artefacto literario”. “Un lugar donde podía caber todo, la objetualidad de la acumulación, donde el lector podría saltar de un lugar a otro”, agregó.
“Oráculo” presenta cinco historias, que se articulan como un universo interconectado donde los personajes desaparecen, reaparecen, leen y narran, con la palabra fundida en una memoria sin distinciones entre lo real y lo fantástico.
“El lector tenía que tener la misma experiencia que yo cuando escribía: saltar de una aventura de piratas, a una fiesta en Recoleta, a una relectura de los imbunches, a una novela histórica, pensando en las novelas donde el pasado huele mal (…) El pasado siempre luce perfecto, yo quería uno que oliera mal, que estuviera mucho más precario, frágil”, planteó.
Para Bisama este ir y venir entre pasado y presente, entre mundos y lenguajes distintos, está directamente ligado a su manera de abordar este nuevo proyecto, donde una enigmática casa funciona como portal.
“Trabajo de un modo no muy recomendable, no hago escaleta, tomo muchas notas de imágenes, pero no armo una estructura ni un guión posible. Empecé a escribir estos relatos, y me di cuenta que los estaba uniendo en un tono, y que éste devenía en un mundo. Trabajo en voces y empezaron a parecer en esta casa, que es un cierto centro”, finalizó.