Ya sé que no está bien, pero no puedo evitar sentir un enorme placer culpable al ver fracasar una y otra vez a los magnates tecnológicos cuando osan poner una patita en el mundo de la agroalimentación o directamente en nuestro negocio hortofrutícola.
Creo que este placer culpable tiene que ver con la arrogancia que percibo en los proyectos que estos personajes ponen en marcha.
Y es que nuestro negocio es especialista en partirle lacara a los arrogantes. En este sector, hasta a los profesionales acreditados, dos equivocaciones seguidas nos dejan de rodillas.