No sé si os pasa también a vosotros, pero desde que empecé a trabajar en el sector hortofrutícola (hace muuuchos años) tengo la sensación de que vivo en un mundo paralelo.
Supongo que pasa en cualquier sector y negocio. Cada negocio tiene sus claves, sus ritmos, su cultura, su argot y esto te va separando poco a poco de otros colectivos y de cómo perciben la vida.
Nosotros vivimos en el mundo de la inmediatez (todo es para ayer), el mundo de las sorpresas diarias (a ver qué va a pasar ahora); y claro te vas contaminando. Luego interactúas con la administración, con el cole de los niños, con del taller del coche o con el de los seguros de la casa y no aciertas a comprender cómo funciona nada.
¿Cómo es posible que no me respondan ahora?
¿Cómo es posible que las cosas funcionen así?
… Y te vuelves un cuñao que te lleva a la incomprensión de esas otras realidades.
Y para darle sentido muchas veces me digo… Es que esos son universos paralelos y yo vivo en el mío. El negocio de las frutas y hortalizas parece operar en su propio universo bajo su propia física y con sus propias constantes fundamentales.
Pues bienvenidos a un nuevo y loco episodio sobre física teórica y frutas.