A veces nos vemos mejor en el espejo, otras veces nos gustamos más en las fotos. ¡Intentemos resolverlo juntos!
Puede que no te hayas dado cuenta, pero hay un aspecto psicológico que juega un papel importante en cómo percibes tu apariencia, ya sea en una foto o en el espejo. Tendemos a mirarnos el espejo más cuando estamos en casa, en un ambiente donde nos sentimos más libres y más relajados. Para las fotografías, por lo general terminamos en el marco mientras estamos en terreno ajeno, lo que significa que puedes verte más tenso y poco preparado.
Otro aspecto importante es el ángulo. Verás, ninguna persona tiene el rostro estrictamente simétrico. Simplemente trata de encontrar tus ángulos perfectos y trabajarlos cada vez que te tomen una fotografía.
El balance de blancos también influye en nuestra apariencia en las imágenes. Cada tipo de iluminación tiene su propia temperatura, pero cuando te miras en el espejo, no registramos esta diversidad de temperaturas en lo absoluto, porque así es como funciona el cerebro. Una fotografía, sin embargo, captura la iluminación como realmente es con todas las compensaciones y variaciones en temperatura.
Casi siempre que nos miramos en el espejo, nos enfocamos en alguna parte particular de nuestro reflejo y no analizamos cómo nuestros labios, nariz, cejas u hombros funcionan en conjunto para formar nuestra apariencia. Pero cuando miramos una fotografía, percibimos todo a la vez y observamos cosas que antes parecían insignificantes.
En un reflejo, siempre vemos una versión invertida de nosotros mismos, y que, en última instancia, da forma a nuestra percepción de cómo lucimos.
Pero incluso si no eres la persona más fotogénica en cámara, ¡no te preocupes! Tómate tu tiempo para conocerte a ti mismo y tu apariencia, y siempre te verás lo mejor posible en cada toma.
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