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Tres experiencias recientes me llevaron a hablar de este tema. La primera fue escuchar a Diosdado Cabello afirmar que los pueblos originarios vivían felices, compartían el trabajo y habitaban en perfecta armonía hasta que llegaron los europeos con sus vicios y enfermedades.
La segunda ocurrió el lunes 12 de octubre, cuando escuché en una transmisión de TikTok a varios defensores del marxismo describir el socialismo como la solución más bella para los problemas de la humanidad. Esa conversación me recordó que la teoría de Carlos Marx se centró, entre otros asuntos, en la producción, el capital y la relación entre quien posee los recursos y quien trabaja para él. Mi propia experiencia me hace mirar esa explicación con cautela. Yo he comenzado empresas desde cero, he tenido empleados, he vendido o perdido proyectos y he vuelto a empezar. Por eso sé que muchos empresarios no nacieron ricos: comenzaron con una idea, asumieron riesgos y contrataron personas cuando ya no podían realizar solos todo el trabajo. Reconocerlo no significa negar la explotación ni los abusos del poder económico. Tampoco niego los abusos de los conquistadores europeos.