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De generación en generación se puede presentar conflicto de lealtades entre los compromisos verticales (padres-hijos) y horizontales (hermanos,parejas). Las lealtades divididas se dan cuando los padres expresan profunda desconfianza entre ellos y el hijo puede ofrecer lealtad a uno de los padres a costa de su lealtad al otro.
Los padres sueles sentir que los hijos sólo lo buscan para pedirle algo, pero, aunque parezca que llaman sólo para eso, no significa que es lo único que desean del padre. También quieren y necesitan un padre con quien vincularse. Hay que saber leer el momento. Por otro lado, a veces los padres temen poner límites porque temen perder a sus hijos, cuando el divorcio es conflictivo, y temen ser los malos. Todo lo contrario, el límite te permite al niño saber qué está bien y qué está mal, y le da seguridad.
Solemos tener una idea romántica de la maternidad y no nos permitimos a veces expresar los sentimientos de cansancio y frustración que a veces sentimos. Es importante que nos demos el permiso de expresarlo y tomar tiempo para nosotras. Pero si la sensación de cansancio es muy fuerte, esto puede ser un síntoma asociado a mis propios complejos y sombras, y sería conveniente revisarlo.
En el niño pequeño, como hasta los 10 años, su desarrollo moral está en base a transacciones, los niños juzgan sus acciones en base a las consecuencias. Es mejor si se aplica el castigo como consecuencia lógica, pero teniendo presente una actitud de disciplina positiva, de prevenir la conducta inadecuada mediante el refuerzo positivo y el trato respetuoso. Si el castigo es excesivo, genera resentimiento y baja estima, sólo se obedece a la autoridad cuando está presente, porque se le tiene miedo y no respeto,
Desde que somos niños podemos empezar a tomar conciencia de nuestros sentimientos de envidia, celos, cómo nos peleamos por el amor de los padres; porque cuando no tomamos conciencia de esto, podemos sentir ansiedad por miedo a que se nos salgan los monstruos que tenemos adentro, tener un complejo de exclusión o identificarme con la víctima o victimario.
La rivalidad fraterna, celos, envidia, sensación de que hay un intruso es normal: así como el amor, la admiración, la complicidad. El otro es mi yo ideal y también mi sombra. A veces esta rivalidad es sintomática, ya que se hace muy difícil la convivencia y la cotidianidad; esto indica que debemos revisar la dinámica familiar, las proyecciones sobre los hijos y el significado que tiene cada uno de mis hijos en mi vida.
La carrera que escojo tiene que ver con mi identidad, relacionada con mis interés y aptitudes, pero lo más importante, es que es sólo el comienzo de un camino en el adquiriré ciertas competencias, camino que se ira definiendo en la medida que descubra quien soy realmente; y en ese proceso, me puedo permitir equivocarme. La equivocación me dará otras herramientas y si reflexiono, mayor conocimiento de mí mismo.
La importancia de no sobre exigirme cómo mamá ante tanta infodemia, que me haga perderme de mi, de mi bebé, y de la conexión entre ambos. El apego seguro no depende de que le de pecho o de que duerma con los padres, depende de que lo sepa "mirar" y sea capaz de satisfacer verdaderamente sus necesidades. A veces podemos estar con ellos, darles lo que piden, y no estar haciéndoles caso.
La vocación está en el alma y quien la encuentra es el joven, él escoge seguir su alma, sus aptitudes, sus intereses; y es tarea de los padres ayudar a encontrarse. Mirarlos para que ellos puedan mirarse y decidir qué estudiar y dónde estudiar
Espacio para reflexionar acerca de cuánto exigir, o cuánta libertad dar. Debemos tener reglas claras y saber qué aspectos de sombra o que complejos se elicitan en mi y proyecto en mi dinámica con mi hij@
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