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Or


Y de un amor estelar
Señora en algunas culturas como la mexicana el 2 de noviembre es un día de máxima celebración, es el día de la muerte -o al decir mexicano de la Santa Muerte. Yo no creo en la santidad de la muerte, la veo como la consecuencia de todo elemento vivo. Sin embargo, Einstein dijo que la materia solo se transforma, entonces nosotros, seres materiales nos transformaremos y seguiremos siendo parte del universo. Al igual que los amores.
Supongo señora que podría decir que siempre fui ajeno a las diferencias muy marcadas de edad, que estar con una persona con tanta diferencia generacional, podría implicar que simplemente no me entienda o que existiera más un tema de algún tipo de interés que una forma real de sentimientos o comunicación. Pero las excepciones a la regla son lo mío.
Transgresor
Las despedidas son siempre una forma de resumen señora, pero también deben implicar el tesón, la gallardía y sobre todo el coraje ora por aceptar los errores, ora por suscribir los aciertos. Dicen que se va el que quiere, y siempre es de bien criados el saber despedirse.
Señora hoy haré una confesión de parte, de esas que puede ser políticamente incorrecta, de esas que es más un marketing en contra, que es una publicidad negativa o dicho de una forma clara es más una herramienta para espantar, más que para atraer.
Dolor cuando pierdes a alguien, dolor que ése alguien al que viste crecer ha muerto. Que esa persona con quien fuiste esa especie de hermano y cómplice, ya no estará. Muy a pesar de las diferencias de edad, muy a pesar que nuestro parentesco no fuera sanguíneo, sino un juramento.
Y sí señora, muchas veces decimos que el despedirnos es un acto hasta de valentía, un acto en el que dos personas por convicciones o principios deciden simplemente separar sus caminos y decirse adiós. Ojo ello suele conllevar un consecuente análisis -o al menos desde mi lado. Porque cuando una relación fracasa -y sí hay que decir las cosas como son-, uno debe tomarse el tiempo para reflexionar de ésos errores, de lo que condujo a ese fracaso, no sólo para no repetirlo más, sino también para tener mejores fórmulas en esa vida que queda por delante.
Señora, dicen que vosotras las mujeres pueden censurar a un hombre, con sólo verle los ojos, que pueden juzgarlo sólo por una respuesta, y que pueden condenarlo por una primera impresión. Sin embargo, muchas veces la influencia de terceras personas alimenta ese prejuzgamiento, la amiga que nunca falta puede inclinar la balanza, y diré por esa suerte de experiencia vivida, que nunca será a favor de nosotros los hombres. ¡Que pase el maldito!
Señora me ha pasado con cierta constancia que cuando publico mis historias, algunas personas se han sentido ofendidas, de hecho, a pesar de estar con alguien, ésa persona luego de leer un relato mío casi terminó conmigo: "anda haz tu vida y sé libre Lanatta", sentenció furibunda, sólo porque un relato le pareció demasiado real, demasiado crudo y directo como para ser una creación. Y entonces hoy contaré un poquito de mí a modo de confesión.
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