Un emprendedor decide crear un restaurante.
O compra uno que ya “funciona”.
Tiene local, cocina, permisos, proveedores, personal, redes sociales activas… incluso clientes.
Y aun así, algo no avanza.
Las ventas no escalan.
El equipo rota.
El estrés sube.
Las horas punta se viven como incendios.
El delivery fricciona el salón.
Las decisiones se toman en modo urgencia, no en modo diseño.
La jaula no es el mercado.
No es la competencia.
No es el algoritmo.
La jaula es la forma en que se está mirando el negocio.