La querencia es cosa grata,
y nos viene de abolengo
está en nuestras raíces,
el amor por nuestros pueblos
que dulce y cariñosamente
con una carga de afectos
asignamos lemas o epítetos
como creativos reflejos,
para identificarles con amor
desde muy adentro.
Es Sabaneta de Barinas
con sus muy vivos recuerdos
el emporio de cereales
y en un gesto romancero
bautizado por el padre Elcano,
emulado por noble dama (1) con acierto
“La pequeña Mesopotamia”,
la comparación no muy lejos
entre dos ríos está ubicada
y es fiel el histórico cotejo.
Según Aro, el insigne cronista (2)
me permito este cuento
sacado de sus memorias
que ya les voy transcribiendo;
nos narra con nostalgia
de los añorados tiempos,
cuando un amplio arco iris
aparecía en el firmamento,
y con su multicolor encanto
atravesaba todo el cielo.
Ante la ingenua curiosidad
de los niños en desconcierto,
con mucha imaginación
explicaban los abuelos,
ese es un gran caballo
de dos cabezas o bicéfalo
que toma agua del Boconó
en sequía o en invierno
y también del río Masparro,
pues anda muy sediento.
Inocente y sana explicación
de aquellos queridos viejos
ocupados de la ciencia
y analfabetas, por supuesto,
ante la presencia del fenómeno
del metereológico suceso,
sirva esta composición
como un cuento muy ameno
para los niños en las aulas
con arraigo y sentimiento.
Por Hermes Varillas Labrador
(1) Lic. Yajaira López de Bernal, especialista en medicina y comunicadora social en emisoras de radio locales.
(2) José Ricardo Aro Durán, preocupado cronista y “pescador de la memoria de su pueblo”, como lo bautizó su sobrino Noel Zamudia.